lunes, 1 de diciembre de 2014

REENCUENTRO

No podía ser. Habían pasado más de 10 años desde la última vez en que suegra y nuera se habían visto. Ilenia se lo había hecho pasar tan mal a su hijo, que la odiaba con todas sus fuerzas y le había deseado lo peor, pero por lo que parecía sus deseos no se habían hecho realidad. Por un lado, Asunción sentía rabia por esos deseos no cumplidos pero por otro, alivio al ver que nada malo le había ocurrido; seguro que algún resquicio de culpabilidad habría aparecido si así hubiera sido.
Sin embargo, no pudo evitar acercarse a ella para increparla y decirle todas esas cosas que rondaban por su cabeza desde hacía tanto tiempo. A medida que se aproximaba, sentía como su corazón se aceleraba, el sudor aparecía a través de sus poros y la temperatura de sus manos descendía lentamente.
- Hola Ilenia - le dijo.
     - Hola Asunción - respondió la nuera.
     - ¿Cuánto tiempo sin vernos, no? ¿por dónde has estado? - preguntó Asunción con tono socarrón y sonrisa irónica.
     - He tenido algún problemilla que solucionar - contestó Ilenia.
     - ¿Problemilla? Problemón querrás decir. Un problemilla no cuesta 10 años de resolver - increpó Asunción subiendo el tono de su voz y pasando de la sonrisa irónica a la expresión de enfado.
     - Encantada de volver a verte Asunción, pero tengo que irme - respondió Ilenia mientras intentaba alejarse.
Asunción la cogió del brazo para no dejarla ir, y con un tono de voz extremadamente alto le recriminó:
     - ¿Cómo que encantada de volver a verte? Pues mira, yo no puedo decir lo mismo. He intentado durante diez años hacerte desaparecer de nuestras vidas, tanto de la mía y de la de mi hijo como de la de mi nieto. He conseguido que por fin el niño no pregunte por ti todos y cada uno de los días de su vida y que mi hijo ya no llore cada vez que mira a su hijo y ve tu mirada a través de sus ojos. Ahora apareces después de diez años, ¿y me dices que encantada de volver a verme? Esto es increíble.
La indignación de Asunción aumentaba por momentos y las ganas de perderla de vista todavía más. Entonces Ilenia contestó:
     - Mira Asunción, no he vuelto para…
Sin dejarla acabar, Asunción gritó incrédula:
     - ¿Que has vuelto? ¿para quedarte? Cuando se entere mi hijo no se lo va a creer. No vamos a dejar que nos hagas más daño, ni a nosotros ni a mi nieto. No se puede desaparecer durante diez años y después pretender volver como si nada. Si tuvieras algo de dignidad, desaparecerías para siempre.
Al oír esto, Ilenia se dio cuenta de que Antonio no le había dicho nada a su madre. No quería ser ella la que se lo dijera, creía que si alguien tenía que enfrentarse a Asunción era su hijo.
     - Asunción, creo que deberías hablar con tu hijo.
     - Y tanto que voy a hablar con él. Voy a decirle que me he encontrado al demonio, que así es como te llamamos en casa, por si no lo sabes. Y que conociéndote, seguro que algo has venido a buscar. ¿Es dinero? Porque si es eso, ni te molestes.
     - No Asunción, no he vuelto por dinero.
     - Pues ya me dirás qué has venido a hacer aquí…
En ese momento, sonó el teléfono de Asunción. Al sacarlo del bolso, vio que la persona que le estaba llamando era su hijo.
     - Mira, hablando del rey de Roma. Es Antonio. Te vas a enterar.
Contesta al teléfono:
     - Hola hijo. No te lo vas a creer. Vas a alucinar cuanto te diga a quién me he encontrado.
     - Sí, mamá. Ya sé quién es. Tenemos que hablar.
Asunción miró estupefacta a Ilenia. En la voz de su hijo percibió que algo le estaba ocultando. Se temió lo peor.

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