REENCUENTRO
No podía ser. Habían pasado más
de 10 años desde la última vez en que suegra y nuera se habían visto. Ilenia se
lo había hecho pasar tan mal a su hijo, que la odiaba con todas sus fuerzas y
le había deseado lo peor, pero por lo que parecía sus deseos no se habían hecho
realidad. Por un lado, Asunción sentía rabia por esos deseos no cumplidos pero
por otro, alivio al ver que nada malo le había ocurrido; seguro que algún
resquicio de culpabilidad habría aparecido si así hubiera sido.
Sin embargo, no pudo evitar acercarse
a ella para increparla y decirle todas esas cosas que rondaban por su cabeza
desde hacía tanto tiempo. A medida que se aproximaba, sentía como su corazón se
aceleraba, el sudor aparecía a través de sus poros y la temperatura de sus
manos descendía lentamente.
- Hola Ilenia - le dijo.
- Hola Ilenia - le dijo.
- Hola Asunción - respondió la nuera.
- ¿Cuánto tiempo sin vernos, no? ¿por dónde has
estado? - preguntó Asunción con tono socarrón y sonrisa irónica.
- He tenido algún problemilla que solucionar -
contestó Ilenia.
- ¿Problemilla? Problemón querrás decir. Un
problemilla no cuesta 10 años de resolver - increpó Asunción subiendo el tono
de su voz y pasando de la sonrisa irónica a la expresión de enfado.
- Encantada de volver a verte Asunción, pero tengo
que irme - respondió Ilenia mientras intentaba alejarse.
Asunción la cogió del brazo para
no dejarla ir, y con un tono de voz extremadamente alto le recriminó:
- ¿Cómo que encantada de volver a verte? Pues
mira, yo no puedo decir lo mismo. He intentado durante diez años hacerte
desaparecer de nuestras vidas, tanto de la mía y de la de mi hijo como de la de
mi nieto. He conseguido que por fin el niño no pregunte por ti todos y cada uno
de los días de su vida y que mi hijo ya no llore cada vez que mira a su hijo y
ve tu mirada a través de sus ojos. Ahora apareces después de diez años, ¿y me
dices que encantada de volver a verme? Esto es increíble.
La indignación de Asunción
aumentaba por momentos y las ganas de perderla de vista todavía más. Entonces
Ilenia contestó:
- Mira Asunción, no he vuelto para…
Sin dejarla acabar, Asunción
gritó incrédula:
- ¿Que has vuelto? ¿para quedarte? Cuando se
entere mi hijo no se lo va a creer. No vamos a dejar que nos hagas más daño, ni
a nosotros ni a mi nieto. No se puede desaparecer durante diez años y después
pretender volver como si nada. Si tuvieras algo de dignidad, desaparecerías
para siempre.
Al oír esto, Ilenia se dio cuenta
de que Antonio no le había dicho nada a su madre. No quería ser ella la que se
lo dijera, creía que si alguien tenía que enfrentarse a Asunción era su hijo.
- Asunción, creo que deberías hablar con tu hijo.
- Y tanto que voy a hablar con él. Voy a decirle
que me he encontrado al demonio, que así es como te llamamos en casa, por si no
lo sabes. Y que conociéndote, seguro que algo has venido a buscar. ¿Es dinero?
Porque si es eso, ni te molestes.
- No Asunción, no he vuelto por dinero.
- Pues ya me dirás qué has venido a hacer aquí…
En ese momento, sonó el teléfono
de Asunción. Al sacarlo del bolso, vio que la persona que le estaba llamando
era su hijo.
- Mira, hablando del rey de Roma. Es Antonio. Te
vas a enterar.
Contesta al teléfono:
- Hola hijo. No te lo vas a creer. Vas a alucinar
cuanto te diga a quién me he encontrado.
- Sí, mamá. Ya sé quién es. Tenemos que hablar.
Asunción miró estupefacta a
Ilenia. En la voz de su hijo percibió que algo le estaba ocultando. Se temió lo
peor.
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