Todo el mundo
habrá apostado por ti. Hablarán entre ellos y pronto sabrás de sus comentarios.
Imposible no reconocer su expectación: impensable que no logres superar la
prueba. Abrumado por tanta devoción sentirás estirarse el tiempo como un hilo
de araña, más allá de lo permitido, en una víspera que parecerá no acabar
nunca. Aún sin sueño, querrás apagar la lamparita, pero la cama estará fría y
moverás la cabeza a ambos lados cuando tu cuello roce la almohada. Será
entonces cuando lo veas. Será entonces cuando creerás que ha llegado tu hora.
Estará allí, agazapado en una esquina. Esperando que todo quede a oscuras. El
rey de los bichos habrá dictado tu futuro. Aferrarás la colcha con ambas manos
estrujándola de pura fuerza y querrás crear una zona hermética que os separe. Tus
pies comenzarán a moverse, envueltos en la oscuridad incierta del fondo de la
cama. Al advertirlo levantarás la colcha muy poco a poco y, sin querer mirar,
inclinarás el rostro hacia aquella negrura donde la sábana se pierde en una
caída de vértigo. Sudarás miedo hasta por las pestañas. No queda más remedio
que levantarse; quedarse quieto, peor castigo. Serás puro nervio y caminarás
junto a la ventana sin perder nunca de vista al bicho. “¿A qué has venido?”
Pero no dirá nada. ¿Cómo podría? Hará mucho frío. La noche más fría del
invierno. No pensarás en ello y correrás a una esquina de la habitación. Tú
también agazapado. Y enseguida comenzarás a tiritar. Estarás pensando que
porqué a ti, cuando lo verás moverse. Sí, se moverá. Y tú lo verás moverse. O
creerás que lo ha hecho y apretarás las costillas contra la pared hasta casi
quebrarlas. Desearás que amanezca pronto pero luego dudarás si tan solo habrán
pasado unos segundos, si todo esto no habrá hecho más que comenzar. Allá en lo
hondo sabrás que así es. Solo puede ir a peor. Repicarás la mandíbula con tanta
fuerza que creerás que un ejército se acerca. Muchos como él. Cientos de miles
llenarán de un momento a otro la habitación. Los imaginarás entrar por debajo
de la puerta. Querrás hacer algo, ir hasta allí y colocar una barricada.
Querrás, pero no podrás. No, no podrás. A pesar de que avanzarán por el pasillo
con el paso marcial de una tropa, no podrás. De golpe se habrá movido. El rey
de los bichos se habrá movido. Lo verás bajar por la pared. Pensarás que algo
está tramando, que se está preparando. Que él también ha escuchado que llegan y
que aprovechará cualquier descuido para descolgarse hasta el pomo y dejar que
entren todos a una. Viendo tu mirada tratará de asumir el control. Será
entonces cuando escuches el zumbido de alas. Ya están aquí. Verás la calle
desde la ventana. ¿Qué otra salida? Tan solo hay un piso hasta la marquesina de
los cines.
Escrito por Ernest Peris
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