Al comenzar el día, me
cruzo con la gente que se dirige al metro. Los veo caminar y de modo instintivo
me fijo en el ritmo de sus pasos,
percibiendo también la expresión de su cuerpo que refleja, sin proponérselo, aspectos
de su personalidad.
Viene hacia mí “el
dinámico” de paso decidido y firme zancada, dispuesto a no ceder su territorio
y sé que no desplazará su trayectoria ni un milímetro al cruzarse conmigo…y yo
me aparto.
El “tímido” que,
andando con cuidado, se aparta con pasos pequeñitos al pasar junto a mí…ó los
de andar cansino que, aplastando la acera con paso acompasado y reticente,
acuden diariamente a la monotonía de un día sin estímulos. Observo a los ancianos que pasan despacito con su andar
inseguro y paso lento; También los estudiantes de andares presurosos y zancada
potente, ruidosa, con mochila a la espalda
En el cruce instantáneo
les miro fijamente a los ojos con cierta impertinencia, no consciente, como un
flahs automático que, con sólo un destello pudiese capturar el alma humana.
Al cruzarnos los ojos
una gran mayoría los aparta y sólo
algunos pocos mantienen el contacto, el roce de pupilas, aguantando ese reto de
miradas pues, la mirada, es un dedo indiscreto, un tacto impertinente porque te
toca el alma.
Hay miradas oscuras
repletas de cansancio o de tristeza, ojos negros que expresan la dureza de
emigración forzosa, miradas, muchas de ellas, cargadas de rencor, y yo bajo los
ojos, pues percibo el mal agüero o la amenaza.
Hay miradas tranquilas
cargadas de paciencia y conformismo,
Hay pupilas licuadas de ojos desgastados por
los años.
Hay miradas resueltas y curiosas de ojos
jóvenes, pupilas de color avellana, uva o miel.
Hay ojos concentrados en sus propios rumores
silenciosos que miran hacia adentro… y, de pronto me viene a la memoria “El
cielo sobre Berlín” de Wim Wenders, donde los ángeles - presencias silenciosas e
invisibles - caminan y acompañan a los seres humanos escuchando con paciencia infinita el ingente rumor de pensamientos, sintiendo una
gran compasión ante la angustia, recogiendo el eco permanente de sus
preocupaciones, ideas, ilusiones, desengaños o propósitos pero son los ángeles testigos impotentes porque no pueden cambiar el curso de los
acontecimientos, son tan sólo testigos presenciales y sólo visibles para los
niños ó los hombres de corazón puro.
Llegando a la estación
hemos subido al tren y nos acomodamos en silencio.
La gente no habla entre
sí. Unos miran por la ventanilla, los
jóvenes se aíslan con su I-pfhone, otros cierran los ojos intentando arañar
unos minutos de sueño, y algunos sacan un libro y leen.
Pienso de nuevo en
Wenders : “una mente que observa el pensamiento de otramente que piensa lo que otro ha pensado” Tres mentes
en contacto aunque no en sintonía .
Los libros abren
puertas, nos transportan a nuevos territorios, provocando experiencias impensables,
nos despiertan emociones olvidadas, permiten
husmear vidas ajenas, ayudan a explorar los sentimientos, amplían las ideas, nos proponen vivir nuevas vidas o escapar de
las nuestras.
No siento una gran
simpatía por los “bestsellers” aunque entiendo que veinte minutos de trayecto
no dan para grandes inmersiones y que en tiempo tan corto, de camino al
trabajo, se escojan narraciones sin mucha implicación.
Observo a la mujer de
edad mediana, chaqueta de franela beis y melena con mechas aclaradas leyendo ávidamente “la Anatomía de Grey” el
boom de temporada que le permite transgredir impunemente la planitud de su
vida marital, imaginando situaciones
deseadas, experiencias que, hasta ahora, jamás osaría proponer. Se
humedece los labios y suspira. Se siente como Meredith, atrapada en el ritmo
frenético del hospital de Seattle, sintiendo la presión de la entrada de
urgencias, el pulso se acelera..sube la adrenalina, contiene la respiración.
Los focos de quirófano y el doctor ya está allí, preparado, con las manos ya en
alto ¡¡Bisturí!! Sólo se ven sus ojos en
la estrecha ranura sobre la mascarilla, ojos castaños de calidez intensa, se
cruzan las miradas penetrantes llenas de excitación, propósitos ocultos
cargados de intenciones..y va subiendo el climax . Mira furtivamente alrededor y yo aparto los
ojos, pues no pretendo que se sienta
observada
.
El señor con gabardina y bufanda Bumberry, sentado junto a mí, está enfrascado en el primer volumen de Millenium“ Los
hombres que no amaban a las mujeres”.
La mente inteligente de Stieg Larsson se
filtra por los ojos de aquel hombre centrando su atención en un mundo de
intrigas y amenazas que empapa su cerebro de sospechas. El argumento teje
hábilmente la compleja relación de personajes y las situaciones se suceden con
ritmo convincente. El hombre con gabardina gris y bufanda Bumberry se remueve
en su asiento y en un gesto automático aprieta fuertemente las mandíbulas
mordiéndose los labios al dibujar un rictus de complacencia íntima, placer
inconfesado, mientras se regodea en las escenas intimas de sádico erotismo
pasándose el pulgar sobre la boca ,acariciándose con fruicción inconsciente la
barbilla
Me llama la atención la
preferencia que tienen los escritores nórdicos
de género policíaco a describir los comportamientos criminales con
especial sadismo ¿Será por la influencia der rigor calvinista, por los largos inviernos, por la escasez de
sol?
.
Miro a mi alrededor.
Dos asientos delante,
en la fila de al lado, la estudiante morena con gorrito de lana sostiene con
dos manos “El Código da Vinci”. Las hojas sobaditas y las tapas gastadas me
denuncian que es un libro de préstamo, una edición en rústica que ha pasado ya
por muchas manos. Inclina la cabeza en actitud atenta, abstraída en el libro, penetra
en esa trama pseudo-esotérica, pseudo-histórica, pseudo-religiosa envuelta en
una intriga rebuscada Porque todo, o casi todo, en esta novela de
Dan Brown es PSEUDO.
Me cuesta entender la
enorme expectación que despertó este bestseller con tema oportunista de fácil
digestión basado en un “menú” de temas a la moda, tratados todos ellos en un
batiburrillo con mínimo rigor, todos los tópicos del momento están servidos:
María Magdalena que huye a Francia preñada de Jesus..la estirpe real de
Francia..la posesión del Grial..Los Templarios ..el Opus Dei…la curia
vaticana.. el museo del Louvre..todo
ello aliñado con una dosis de teoría de la conspiración .
No me extraña su éxito
en una sociedad como la nuestra tan
falta de cultura ,conformada con tanto “sucedáneo” o comida basura ó come de
bufete (Un poquito de todo que no es nada ) y que sólo valora la envoltura
Me frustran los que
leen en el I-Book porque me impide saber qué están leyendo
Me gusta el tacto del
papel que frena levemente la caricia del dedo al desplazarse, doblar una esquinita con respeto, hacer
anotaciones (siempre con lápiz), subrayar (cada vez menos porque nunca es igual
al releerlos libros, ya en otro momento) Me gusta percibir el segundo del
tiempo cuando giro las páginas . Soy
adicta al olor de un libro recién
abierto.
Pienso otra vez en los
ángeles de Wenders: “un pensamiento dentro de otro pensamiento”..y yo sigo
pensando . …
Un silbido me para el
pensamiento.
(Mº Vicenta Clérigues Peris)
Valencia- 2 noviembre
de 2014
Tola Clérigues
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