jueves, 6 de noviembre de 2014

Al comenzar el día



Al comenzar el día, me cruzo con la gente que se dirige al metro. Los veo caminar y de modo instintivo me fijo en el ritmo de sus  pasos, percibiendo también la expresión de su cuerpo que refleja, sin proponérselo, aspectos de su personalidad.
Viene hacia mí “el dinámico” de paso decidido y firme zancada, dispuesto a no ceder su territorio y sé que no desplazará su trayectoria ni un milímetro al cruzarse conmigo…y yo me aparto.
El “tímido” que, andando con cuidado, se aparta con pasos pequeñitos al pasar junto a mí…ó los de andar cansino que, aplastando la acera con paso acompasado y reticente, acuden diariamente a la monotonía de un día sin estímulos. Observo a  los ancianos que pasan despacito con su andar inseguro y paso lento; También los estudiantes de andares presurosos y zancada potente, ruidosa, con mochila a la espalda
En el cruce instantáneo les miro fijamente a los ojos con cierta impertinencia, no consciente, como un flahs automático que, con sólo un destello pudiese  capturar el alma humana.
Al cruzarnos los ojos una gran mayoría los aparta  y sólo algunos pocos mantienen el contacto, el roce de pupilas, aguantando ese reto de miradas pues, la mirada, es un dedo indiscreto, un tacto impertinente porque te toca el alma.
Hay miradas oscuras repletas de cansancio o de tristeza, ojos negros que expresan la dureza de emigración forzosa, miradas, muchas de ellas, cargadas de rencor, y yo bajo los ojos, pues percibo el mal agüero o la amenaza.
Hay miradas tranquilas cargadas de paciencia y conformismo,
 Hay pupilas licuadas de ojos desgastados por los años.
 Hay miradas resueltas y curiosas de ojos jóvenes, pupilas de color avellana, uva o miel.
 Hay ojos concentrados en sus propios rumores silenciosos que miran hacia adentro… y, de pronto me viene a la memoria “El cielo sobre Berlín” de Wim Wenders,  donde los ángeles - presencias silenciosas e invisibles - caminan y acompañan a los seres humanos  escuchando con paciencia infinita  el ingente rumor de pensamientos, sintiendo una gran compasión ante la angustia, recogiendo el eco permanente de sus preocupaciones, ideas, ilusiones, desengaños o propósitos pero son  los ángeles testigos impotentes  porque no pueden cambiar el curso de los acontecimientos, son tan sólo testigos presenciales y sólo visibles para los niños ó los hombres de corazón puro.
Llegando a la estación hemos subido al tren y nos acomodamos en silencio.
La gente no habla entre sí. Unos miran por la  ventanilla, los jóvenes se aíslan con su I-pfhone, otros cierran los ojos intentando arañar unos minutos de sueño, y algunos sacan un libro y leen.
Pienso de nuevo en Wenders : “una mente que observa el pensamiento de otramente  que piensa lo que otro ha pensado” Tres mentes en contacto aunque no en sintonía .
Los libros abren puertas, nos transportan a nuevos territorios, provocando experiencias impensables, nos despiertan emociones olvidadas,  permiten husmear vidas ajenas, ayudan a explorar los sentimientos,  amplían las ideas,  nos proponen vivir nuevas vidas o escapar de las nuestras.
No siento una gran simpatía por los “bestsellers” aunque entiendo que veinte minutos de trayecto no dan para grandes inmersiones y que en tiempo tan corto, de camino al trabajo, se escojan narraciones sin mucha implicación.
Observo a la mujer de edad mediana, chaqueta de franela beis y melena con mechas aclaradas  leyendo ávidamente “la Anatomía de Grey” el boom de temporada que le  permite  transgredir impunemente la planitud de su vida marital, imaginando situaciones  deseadas, experiencias que, hasta ahora, jamás osaría proponer. Se humedece los labios y suspira. Se siente como Meredith, atrapada en el ritmo frenético del hospital de Seattle, sintiendo la presión de la entrada de urgencias, el pulso se acelera..sube la adrenalina, contiene la respiración. Los focos de quirófano y el doctor ya está allí, preparado, con las manos ya en alto  ¡¡Bisturí!! Sólo se ven sus ojos en la estrecha ranura sobre la mascarilla, ojos castaños de calidez intensa, se cruzan las miradas penetrantes llenas de excitación, propósitos ocultos cargados de intenciones..y va subiendo el climax  . Mira furtivamente alrededor y yo aparto los ojos, pues no pretendo  que se sienta observada
.
  El señor con gabardina  y bufanda Bumberry, sentado junto a mí, está  enfrascado en el primer volumen de Millenium“ Los hombres que no amaban a las mujeres”.
 La mente inteligente de Stieg Larsson se filtra por los ojos de aquel hombre centrando su atención en un mundo de intrigas y amenazas que empapa su cerebro de sospechas. El argumento teje hábilmente la compleja relación de personajes y las situaciones se suceden con ritmo convincente. El hombre con gabardina gris y bufanda Bumberry se remueve en su asiento y en un gesto automático aprieta fuertemente las mandíbulas mordiéndose los labios al dibujar un rictus de complacencia íntima, placer inconfesado, mientras se regodea en las escenas intimas de sádico erotismo pasándose el pulgar sobre la boca ,acariciándose con fruicción inconsciente la barbilla
Me llama la atención la preferencia que tienen los escritores nórdicos  de género policíaco a describir los comportamientos criminales con especial sadismo ¿Será por la influencia der rigor calvinista,  por los largos inviernos, por la escasez de sol? 
.
Miro a mi alrededor.
Dos asientos delante, en la fila de al lado, la estudiante morena con gorrito de lana sostiene con dos manos “El  Código da Vinci”.  Las hojas sobaditas y las tapas gastadas me denuncian que es un libro de préstamo, una edición en rústica que ha pasado ya por muchas manos. Inclina la cabeza en actitud atenta, abstraída en el libro, penetra en esa trama pseudo-esotérica, pseudo-histórica, pseudo-religiosa envuelta en una intriga rebuscada   Porque todo, o casi todo, en esta novela de Dan Brown es PSEUDO.
Me cuesta entender la enorme expectación que despertó este bestseller con tema oportunista de fácil digestión basado en un “menú” de temas a la moda, tratados todos ellos en un batiburrillo con mínimo rigor, todos los tópicos del momento están servidos: María Magdalena que huye a Francia preñada de Jesus..la estirpe real de Francia..la posesión del Grial..Los Templarios ..el Opus Dei…la curia vaticana..  el museo del Louvre..todo ello aliñado con una dosis de teoría de la conspiración .
No me extraña su éxito en una sociedad como la nuestra  tan falta de cultura ,conformada con tanto “sucedáneo” o comida basura ó come de bufete (Un poquito de todo que no es nada ) y que sólo valora la envoltura 
Me frustran los que leen en el I-Book porque me impide saber qué están leyendo
Me gusta el tacto del papel que frena levemente la caricia del dedo al desplazarse,  doblar una esquinita con respeto, hacer anotaciones (siempre con lápiz), subrayar (cada vez menos porque nunca es igual al releerlos libros, ya en otro momento) Me gusta percibir el segundo del tiempo  cuando giro las páginas . Soy adicta al olor de un libro  recién abierto. 
Pienso otra vez en los ángeles de Wenders: “un pensamiento dentro de otro pensamiento”..y yo sigo pensando . …
Un silbido me para el pensamiento.

(Mº Vicenta Clérigues Peris)
Valencia- 2 noviembre de 2014                                                                     Tola Clérigues

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