La tarea que se mando en clase de narrativa consistió en realizar el trabajo de observador de una persona que estuviese leyendo un libro en el metro, en un sitio poco común, considerar lo que hace, básicamente en el hecho de que la lectura es un estado del cual uno puede comentar acerca de lo que podemos sacar de la conclusion del pensamiento de la persona que lee y darnos una idea de como vemos al lector (vamos, ¿creo yo?). Así que ahí va lo que me ha tocado vivir y escribir es estas lineas y de lo emocionante que se vuelve el hecho de hacer algo tan sencillo como observar a una persona que no conoces de nada y poder imaginar la situación.
Baje al metro un día sábado ya que tenía una reunión de amigos en un lugar concreto. Eran las diez de las noches, usualmente no voy a esas horas por ese sitio, poca gente pero la necesaria para realizar el trabajo de campo que nos envío Fede. Esperé unos diez minutos y subí al vagón del metro en la estación de “Benimaclet", seguí detrás de dos chicos y una mujer madura, hacia las puertas correderas, me senté en las sillas de color verde, nada cómodas para un viaje largo de más de 2 horas, a una distancia considerable de dichas mujeres. Esto se hace difícil, ya que no es cosa usual y a esas horas realizar dicha tarea de campo, pero había que hacerla. Seguí mirando a diestra y siniestra y no alcanzaba a percibir una sola persona con un libro en sus manos, aunque eran unos minutejos los que pasaron y el metro ya paso por la parada de “Facultats”, espere un padre minutos hasta la parada de “Alameda”, hice una foto para guardar aquel momento de observador de lector de libros en el metro, sin embargo no encontraba a dicho lector y el metro se iba vaciando poco a poco, en “Colón” sucedió algo parecido, no había disponible la persona con su libro en la mano o que lo estuviera ojeando al menos y cuando llegue a la parada “Xativa” ocurrió algo que pensé que se acababa mi suplicio, me acerque a dicha persona, un hombre que ya pintaba sus 60 y pico de años, hasta cuando estuve a una distancia prudente pude ver claramente que era un marco de fotos y no un libro, ¿quién lleva un marco de fotos en el metro hoy en día? Mas seguía sin ninguna suerte a la vista, continue observando y tan solo un chico que miraba su móvil para ojear sus mensajes de “whatsapp” estaba enfrente de mi, así que llego la parada en la que debía apearme “Angel Guimera” y mis esfuerzos por buscar una persona leyendo un libro en el metro fueron en vano, sin embargo, no me daba por vencido y continue buscando a alguna persona que me sirva para el propósito de dicha tarea, mas aun no la conseguía, ¿que pasaba? ¿la ley de Murphy? ¿el Carma? ¡yo que sé! Solo importaba buscar y encontrar a esa persona que leyera un libro y a esas horas de la noche, cosa muy rara, tan rara como ver un “ligre” o “cebrasno" en el safari del Vergel en la provincia de Alicante. ¿y que hago ahora? Me pregunte. Salí de aquella estación de transbordo y continue mi camino y pensé, ¡ya lo haré otro día! Llegué al bar donde se suponía quedaríamos para cenar y luego ir a bailar. Entré al bar y como casi siempre, no había nadie aún, solo la dueña del bar y dos chicas de servicio que preparaban las mesas para la reunion del grupo, así que me acerque a la dueña, Monoli, así se llamaba y pregunte por el grupo y por mi compañero, Oscar, ella me dio una confirmación de la reserva y que se realizaría a la hora acordada, cosa que me alivio ya que aun no había visto a ninguno de mis compañeros por los alrededores. Empece a charlar con aquella señora y sin duda alguna, esa mujer era un libro abierto, me contó su biografía en tan solo unos minutos, muy interesante, aunque solo sea desde mi punto de vista; empezó por decirme acerca de lo difícil que fue salir adelante con unas niñas a su cargo (sus filias) y los estudios de inglés que realizaba en aquel tiempo y que tuvo que dejarlos por beneficio de su familia y del cuidado de su madre (ya difunta) que necesita de cuidados especiales y de los caracteres de sus hijas (aquellas chicas que observé arreglando las mesas en el bar para nuestra cena) que si Ana es tozuda y que la otra hija (no recuerdo su nombre, no soy una grabadora) es algo más tranquila que Ana. En resumen, aquella mujer me hizo pensar en su historia y de como aquel momento fue como leer un librito o mejor dicho un capitulo de algún libro. ¿No sé si esto valga como tarea? Pero me entretuve observando aquella mujer cuando hablaba de su familia y la intensidad de sus ojos marrones oscuros y sobre todo de escuchar a una persona mayor que tiene mucho que contar.
Después de aquella conversación con Monoli, llegaron los chicos y las chicas con las que habíamos quedado por “whatsapp” para ir a la disco y sin duda alguna, debíamos alimentarnos muy bien para aguantar la noche que nos esperaba en aquella ocasión.
La cena termino sin más, al cabo de unas dos horas o algo así. Acto seguido, fuimos directo a la disco, no sin antes comprar la entrada en aquel bar, ya que nos ofrecían la cena más la entrada a la disco por un módico precio y acorde a los presupuestos de estudiante universitario.
Eran las doce y pico de la noche, hasta que me sucedió algo que no lo pronostique, había una chica leyendo un panfleto de la disco a la cual habíamos acudido. La miraba desde una posición privilegiada (un escalón más arriba y a su izquierda), pude llegar a mirar que se fijaba en el titulo de la presentación exclusiva de aquella noche, un grupo de bailarines venidos de Bélgica, que bailaban un ritmo latino, Bugaloo, no sé porque pero me atrajo su vestido y pude notar que era una de las bailarinas (ya decía yo, ¡esa chica tan guapa y ese cuerpo, no puede estar aquí parada mirando a la gente ver pasar). Algo más pude divisar en aquel volante, era la foto de Ricardo, el profe que nos enseña salsa en los curso de bailes latinos de la UPV, me dije hacia mis adentros, ¡se ve que el tio este es muy conocido en este mundillo de la salsa! Cosa que no es extraña, conociendo el carisma de Ricardo, ejemplo de un cubano con ganas de bailar para rato y más. Aquella noche termino después de una sesión de 4 horas y media de baile. Creo que aquella noche mate dos pájaros de un tiro, tuve tiempo para hacer algo que me gusta, bailar salsa y sacar unas cuantas palabrejas acerca de una persona que lee en un sitio nada común para la lectura.
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