domingo, 12 de enero de 2014

Ejercicio - Punto de tensión

Compañer@s, aquí os dejo mi ejercicio. Finalmente mi imaginación no ha dado más de sí y he decidido reutilizar el texto del ejercicio de la anécdota y tratar de aplicar algunos de los consejos recibidos.


Circulaba por el centro de la ciudad, a una velocidad relativamente lenta cuando de repente, por el rabillo del ojo, notó que un coche aparecía por la calle de la izquierda. El vehículo iba a gran velocidad, daba la sensación de estar huyendo de algo. Carlos no pudo evitarlo, giro su cabeza y sus ojos se quedaron clavados en aquella imagen. Estaba totalmente absorto, era consciente de que aquel coche iba a acabar empotrado contra el suyo pero no era capaz de reaccionar. El tiempo se ralentizó y, mientras sus ojos continuaban atrapados en aquella terrible visión en la que a cada fracción de segundo la colisión se hacía más inminente, su mente giraba vertiginosamente repasando algunos capítulos de su vida, rememorando a aquellas personas que ocupaban un lugar importante en su corazón. Volvió a la infancia, a los primeros años de su vida y escuchó a su madre cantándole a cualquier hora del día aquellas canciones de la época que tanto le gustaban, canciones que de vez en cuando aún hoy le canta. Llegó ilusionado al hospital donde el día anterior había nacido su único hermano y se asomó sonriente a la cunita donde vio por primera vez el rostro arrugado de aquel recién nacido, de aquel pequeño ser al que había esperado tan ansiosamente durante los últimos meses. Lanzó una vez más el anzuelo desde aquellas rocas a las que su padre solía llevarle en las mañanas de los domingos, siempre que el tiempo lo permitía. Sintió la brisa del mar, ese olor a salitre y pudo escuchar el murmullo de las olas rompiendo bajo sus pies. Estrechó a su abuela entre sus brazos y la contempló agitando su mano a modo de despedida desde el porche, bajo los jazmines, incluso pudo percibir su aroma. Sintió el beso cálido de los labios de su única novia, como si fuera la primera vez que la besaba, como si aún siguieran juntos. Al final ella siempre abría los ojos y él se quedaba un rato buceando en su mirada.

-           – Nooooooooooo!!!! Noooooooooooo!!!!  – Gritó.

No consiguió pronunciar más que esa palabra que retumbó en su garganta con una fuerza desmesurada, gritó como nunca antes lo había hecho. Aquel no podía ser el fin, le quedaba tanta vida por vivir, tantos recuerdos por construir, tantas emociones por sentir. Un fuerte golpe le obligó a volver de su ensoñación. El ritmo al que parecía avanzar el reloj inmediatamente se restrableció. Su cara chocó contra el parabrisas. Sus gafas volaron. Sabor a sangre en la boca. Volver a abrir los ojos. Repaso de dientes con la lengua. Las piernas siguen respondiendo. Bajar del coche aun temblando y gritar. Gritarle a aquel desgraciado todos los improperios que pasaron por su mente sin tener ningún tipo de mesura ni compostura.

-          
-           – Maldito hijo de puta, has estado a punto de matarme.

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