Compañer@s, aquí os dejo mi ejercicio. Finalmente mi imaginación no ha dado más de sí y he decidido reutilizar el texto del ejercicio de la anécdota y tratar de aplicar algunos de los consejos recibidos.
Circulaba por el centro de la ciudad, a una velocidad
relativamente lenta cuando de repente, por el rabillo del ojo, notó que un
coche aparecía por la calle de la izquierda. El vehículo iba a gran velocidad, daba
la sensación de estar huyendo de algo. Carlos no pudo evitarlo, giro su cabeza y
sus ojos se quedaron clavados en aquella imagen. Estaba totalmente absorto, era
consciente de que aquel coche iba a acabar empotrado contra el suyo pero no era
capaz de reaccionar. El tiempo se ralentizó y, mientras sus ojos continuaban
atrapados en aquella terrible visión en la que a cada fracción de segundo la
colisión se hacía más inminente, su mente giraba vertiginosamente repasando
algunos capítulos de su vida, rememorando a aquellas personas que ocupaban un
lugar importante en su corazón. Volvió a la infancia, a los primeros años de su
vida y escuchó a su madre cantándole a cualquier hora del día aquellas
canciones de la época que tanto le gustaban, canciones que de vez en cuando aún
hoy le canta. Llegó ilusionado al hospital donde el día anterior había nacido
su único hermano y se asomó sonriente a la cunita donde vio por primera vez el
rostro arrugado de aquel recién nacido, de aquel pequeño ser al que había esperado
tan ansiosamente durante los últimos meses. Lanzó una vez más el anzuelo desde
aquellas rocas a las que su padre solía llevarle en las mañanas de los
domingos, siempre que el tiempo lo permitía. Sintió la brisa del mar, ese olor
a salitre y pudo escuchar el murmullo de las olas rompiendo bajo sus pies. Estrechó
a su abuela entre sus brazos y la contempló agitando su mano a modo de
despedida desde el porche, bajo los jazmines, incluso pudo percibir su aroma.
Sintió el beso cálido de los labios de su única novia, como si fuera la primera
vez que la besaba, como si aún siguieran juntos. Al final ella siempre abría
los ojos y él se quedaba un rato buceando en su mirada.
- – Nooooooooooo!!!! Noooooooooooo!!!! – Gritó.
No consiguió pronunciar más que esa palabra que retumbó en
su garganta con una fuerza desmesurada, gritó como nunca antes lo había hecho.
Aquel no podía ser el fin, le quedaba tanta vida por vivir, tantos recuerdos
por construir, tantas emociones por sentir. Un fuerte golpe le obligó a volver de
su ensoñación. El ritmo al que parecía avanzar el reloj inmediatamente se restrableció.
Su cara chocó contra el parabrisas. Sus gafas volaron. Sabor a sangre en la
boca. Volver a abrir los ojos. Repaso de dientes con la lengua. Las piernas
siguen respondiendo. Bajar del coche aun temblando y gritar. Gritarle a aquel
desgraciado todos los improperios que pasaron por su mente sin tener ningún
tipo de mesura ni compostura.
-
- – Maldito hijo de puta, has estado a punto de
matarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario