Noche,
frío, viento y nervios. Muchos nervios. Luis los trataba de calmar dando
pausadas caladas a su cigarrillo. Apostado en lo alto de la pendiente, miraba
el muro que tenía que saltar con mirada penetrante. Hasta las diez y cuarto no
iba a poder aventurarse a intentarlo, los vigilantes hacían turnos; y esa era
la hora en la que sabía que los del turno de noche reemplazaban a los de la tarde.
Miró su
reloj, diez menos cinco. Caminó en dirección opuesta al muro. Tenía miedo de no
poder llegar hasta lo alto del mismo. Era más alto de lo esperado. Alzó la
vista y vio un grupo de gente agazapada, haciendo vigilancia de los guardas de
seguridad. Sonrió divertido, eran sensiblemente más jóvenes que él; iban medio
borrachos y estaban formando demasiado escándalo, tarde o temprano uno de los
vigilantes se percataría y los echaría de allí.
Llegó
hasta el camino de acceso y volvió a mirar la hora, apenas habían pasado cinco
minutos. Sacó su teléfono móvil y escribió un mensaje a sus amigos:
-
En quince minutos lo intento. Si lo consigo os aviso.
Mientras
terminaba de escribir el mensaje, un camión de bebida pasó a su lado. Se apartó
del camino sobresaltado y vio caer una caja vacía de botes de cerveza. Fue
hasta donde había caído, la tanteó y pensó que era lo suficientemente dura. Le
servía de sobra. Había encontrado un alza que le ayudaría a saltar el muro. Se
volvió sobre sus pasos y vio que el grupo de chavales había empezado a hacer
ruido ostentosamente. Aceleró sus pasos para llegar al sitio desde el que
intentaría saltar el muro. Cuando llegó vio que el guarda de seguridad había
ido a intentar echar a los chavales de allí. Las pulsaciones le subieron de los
nervios. Bajó la cuesta corriendo, llegó hasta el muro, dejó la caja vacía, se
apostó sobre ella y comprobó que la mano le llegaba hasta lo más alto. Cogió de
nuevo la caja, subió la cuesta corriendo y se agazapó de nuevo. El guarda
todavía no había vuelto. Miró su reloj, quedaban diez minutos para y cuarto.
Sacó el tabaco de liar y, con toda la calma del mundo, se dispuso a hacerse el
último cigarrillo.
Eran
las diez y doce en el reloj de Luis. Tiró el cigarrillo al suelo y mientras
chafaba la colilla con el pie, vio sorprendido cómo varias personas bajaban la
cuesta por otros sitios.
- ¡Mierda!
Temía
que eso sobresaltara a los vigilantes y diera al traste con sus planes. Así que
bajó a toda prisa. Puso la caja en el suelo. Se subió. Se agarró a lo alto del
muro. Tiró de brazos. Se encaramó a lo alto. Apartó el alambre que había en la
zona alta del muro. Se metió entre el mismo, deslizándose, y cuando tuvo las
piernas colgando del otro lado, se dejó caer… y cayó dentro del recinto del
festival.
No
tenía ni idea de dónde estaba, pero se alegró al ver que, efectivamente, a esas
horas no había nadie de seguridad por la zona. A su alrededor no había más que
una zona diáfana y varias carpas a derecha e izquierda. Sin saber porqué eligió
la de la derecha. Llegó a la puerta de acceso y entró. Dio a un largo pasillo
con multitud de puertas a ambos lados. Vio un cartel de una empresa de montaje
de equipos de música: Enges. No
estaba solo, de las puertas entraba y salía gente. Todos llevaban una
identificación que usaban para abrir las puertas del pasillo. Se situó detrás
de una chica que iba cargada con vasos de plástico y, cuando ésta abrió, le
sostuvo la puerta con una mirada amable. La chica le sonrió y pasó al otro lado
de la puerta. Luis esperó a que ella pasara y pasó detrás.
Al otro
lado de la puerta el ambiente estaba más concurrido, era una especie de almacén
de material usado en barra. Al final había dos puertas. Luis vio que toda la
bebida salía por la de la izquierda. Se hizo el despistado y avanzó con la
cabeza baja hacia allí.
- ¡Eh! ¿Dónde vas?
Una
mano le había cogido del hombro. El corazón se le aceleró.
- Soy de Enges.
- ¿Cómo?
- Sí, mi jefe me ha mandado a
revisar no sé qué del montaje de los equipos.
- ¿Y tu identificación?
- Calla… Ni me hables de la
identificación, esto es un puto caos, nos han dado acreditaciones por
cuadrilla, no individuales, la mía la lleva mi jefe que se ha quedado fuera de
la carpa… ¿Sabes por dónde llego a la zona de revisión de los equipos?
El seguridad
le miró extrañado.
- Aquí sólo se accede a barra…
¿Cómo dices que se llama tu jefe?
- Carlos. Es el encargado de Enges.- Y sin darle tiempo a contestar
añadió- ¡Ah, no! Es por allí… Ya está claro. ¡Gracias!
Y Luis
fue con paso decidido hacia la puerta izquierda.
- ¡Para!
Pero
Luis no paró. Llegó hasta la puerta. La abrió. Al otro lado había una abarrotada
barra. Cerró la puerta tras él y sostuvo el pomo. Notó cómo alguien la intentaba
abrir. Divisó un sitio libre en la barra, y se abrió paso entre los camareros
hasta allí. La puerta se abrió y el seguridad que le había parado apareció.
Gritó. Pero Luis ya estaba en la barra.
- ¡Ponme una cerveza!- Gritó uno
de los asistentes al concierto.
Pero en
lugar de servirle, Luis se subió a la barra. Pasó al otro lado y, sin llegar a
correr, fue abriéndose paso entre la gente, llegando poco a poco al centro del
concierto, a la algarabía, a la multitud... Allí estuvo saltando cinco minutos,
con la mirada más puesta en los guardas de seguridad que pudiera haber que en los
músicos. Finalmente se alejó hacia el final de la multitud, sacó su móvil y
escribió a sus amigos.
-
Estoy dentro.
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