Otra de las descripciones que me parece magistral por su sencillez es el inicio del segundo capítulo de la conocida novela de Mark Twain: Las aventuras de Tom Sawyer. Con un pequeño párrafo el autor es capaz de captar la vitalidad y el júbilo vibrante de un buen día de verano.
Llegó la mañana del sábado y el mundo estival
apareció luminoso y fresco y rebosante de vida. En cada corazón resonaba un
canto; y si el corazón era joven, la música subía hasta los labios. Todas las
caras parecían alegres, y los cuerpos, anhelosos de movimiento. Las acacias
estaban en flor y su fragancia saturaba el aire.
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