miércoles, 18 de noviembre de 2015

El silbido del viento



  No sé donde estoy. Me siento perdido. No me encuentro ni reconozco lo que me circunda. Quizá estuve aquí en otra vida y es la nebulosa convertida en recuerdo lo que veo. Incluso el olor que percibo me plantea incógnitas difíciles de indagar -tal vez demoniacas o simbólicas- leídas en alguna de mis novelas o relatos preferidos.
¿Quizá haya salido del Libro de la Selva, uno de mis libros escogidos desde niño? o ¿Es posible que me montara, distraído en un autobús equivocado y me durmiera? o mil dudas, no importa el motivo.
Lo cierto y lo recuerdo con precisión es que el lugar era inverosímil y un tanto  inexplicable. No sé todavía si  era o es un paraje sosegado  o tal vez demoniaco con aullidos extravagantes. Un monstruo emergente, se define, mientras la luna se escabulle entre  nubes negras  y los sables acuchillan el agua.
Recorro mentalmente esa vivencia intemporal e intrigante que comienza chirriando en mis oídos y dudo cual puede ser  su fin.
El paisaje cambiante, un puzle con recovecos, sombras y luces. Con el cambio de luz los árboles mudan de trajes, se convierten en otras especies. Los personajes aguardan su momento sin descubrir sus rasgos físicos, su identidad, sus pretensiones. Juegan a despistar en ocasiones utilizan escafandras, en otras llevan sobre su cuerpo clavos y uno de ellos destornillador, martillo y tenazas. Es posible que consigan el fin, tienen una meta y deben de cumplirla.
El silbido del viento corre ágil, tras él unos folios que escapan de mis manos.
El sol entra en un habitáculo rectangular por una ventana sin cristales.
El puñal cristalino que colgaba del ángulo de una esquina se ha desplomado. Los pedazos de vidrios lanzan brillos. Por el suelo lápices, tablest, ordenadores. En el rincón  más oculto un geniecillo, portador de un gran bote con pincel, embadurna un montón de astillas que se apretujan y se pegan formando puntales cuadrados
             Entre el rumor escucho un relato de aventuras inconexas. Voces tenues pero  penetrantes. Necesito verificar quienes son los narradores, no los encuentro. Observo, intentando divisarlos pero no. ¿Serán  Elfos? Tampoco. No encuentro gnomos por ninguna parte, ni mucho menos humanos o narradores invisibles.
 La situación me apabulla.
¡Crac!, ¡!crac! ¡Crac!
            Me infiltro en el lugar para descubrir quien apalea el suelo. Un  pequeño ser corretea  entre los cristales rotos. Salta sobre ellos hasta que chispean  formando una hoguera violácea. Sus llamaradas ciegan, de cada una se forma otro maligno ser. Necesito poner en marcha mi utillaje mental para que reviente mi cabeza y averigüe qué pasa o qué me está ocurriendo.
Una voz en off.
▬ ¡La maldad de los hombres ha de ser redimida por nosotros! Hay que estrangular la perversión humana, un ejército  de espíritus se aproxima para la exterminación. Huid, viene la hecatombe.
Otro golpe devastador abre una brecha en el suelo. Suena a reivindicación su impacto.  La vegetación cimbreante del exterior parece que quiera contarnos un cuento hindú o un relato sobre la negritud.
Una sentencia ronca en off en la desposeída habitación:
            ▬ ¡Bravo no desesperéis, soñemos! ¡Sí, soñemos! Presiento que a nuestro alrededor hay seres excepcionales.
Otro golpe enérgico capta mi atención. Tal vez quiera advertirme o  reajustar esta excepcional situación. Los liliputienses entrometidos maniobran el terror.
▬ ¿Creéis que esa melodía hindú que hemos escuchado no procede de India, sino qué es el rumor de un canto espiritual de los esclavos negros?
▬ Siempre con dudas. No sé hasta dónde puede llegar tu fantasía.
¡Cata cras!  Cachiporrazo sobre el suelo de arcilla.
▬ Estos seres inanimados cada día son más ácratas. Intuyo que esos gestos que realizan están posiblemente copiados  de “Las mil y una noches.”
            No es creíble lo que escucho y veo. Otro golpe seco en el suelo. Repito no me puedo creer lo que percibo. No. No .No. Por la ventana desvencijada veo animales que avanzan dando golpes rítmicos y sobrios que recuerdan el trote de camellos. Todo es tan excepcional que he de controlar mis pensamientos, resguardarlos, apresarlos como hacen las manos hábiles de  las tejedoras que sujetan los hilos  con sus dedos sin que se desparramen.
          Una nueva voz surge al unísono con el ruido que se escucha al apalear el suelo con una tranca de madera.
          ¡Alejaos  de lo que creéis  ver y escuchar! Tenéis que desligaros de lo absurdo para llegar a entender la trigonometría, el álgebra, el astrolabio. Dejaos  de sueños sin alas. Conozcamos la Tierra, las latitudes y las longitudes salvando los errores de Ptolomeo. Pongámosle buena nota –aunque más que alumno es maestro-.
Ahora  que  las patas de  madera  han dejado de  hacer  ruido, de  dar  golpes  para  reivindicar sus  peticiones, sus  ideas y  enmarañarnos  en  un mundo irreal guardemos el más estricto silencio. Ahora  que la encimera de madera se despereza   colocada en su lugar,  sobre sus patas dejemos de soñar a pesar de escuchar el gran Concierto de la Humanidad: pájaros, rugidos de león, bramidos de jirafas en celo…
Silencio. Las patas de madera han tomado conciencia de su ser. Han calmado su algarabía y se han colocado para sustentar la encimera y actuar como lo que son, una mesa. Ya no reivindican rebelión. Ejercen la profesión de mesa, sobre ellas manuales, cuartillas, lápices, rotuladores… Uno de los libros, insolente, repite en forma de canción:

Acallad vuestras voces, no vuestra imaginación. Con ella nos espera el Mundo de la Ciencia y La Razón. El elixir de la Naturaleza, de los Cuentos… y la Libertad
La  protagonista del cuento ya está desenmascarada, es la mesa
▬ ¿Y ahora qué?
▬ Abrid los ojos. Mirad el horizonte, respirad fuerte. Escribid.
            “La Negritud
Los negros son:
Los que no han inventado ni la pólvora ni la brújula;
Los que nunca han sabido domar el vapor ni la electricidad;
Los que no han explorado ni los mares ni el cielo;
Pero aquellos sin los cuales la tierra no sería la tierra.
                        (Testimonio de un poeta antillano, Aimé Césaire, en Albert Gerard, Humanisme   et                                                 
                                 Negritude)

Poco a poco oscurece. El aula ordenada, los  alumnos se han ido y con ellos la aventura, la magia. La mesa protagonista descansa, hasta creo que sus patas dormitan.
¿El otro protagonista? ¡Cierto que lo habéis descubierto!
            Soñad… Hasta mañana.

Carmen Berga Benedito.

La Eliana 9-11-2015

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