jueves, 12 de noviembre de 2015

No es arte todo lo que reluce

No había todavía amanecido.  Su suerte consistía en ser la primera, pero sus competidores lo sabían tan bien como ella.  Se había convertido en una lucha diaria, en la que el más audaz y madrugador conseguía mejores resultados. El trabajo era duro, pero, de momento, era el único medio de ganarse la vida. Era una labor sucia y mal vista, sin ningún tipo de contrapartida, sin duda, porque  otros contravenían las reglas de convivencia, dejando rastro por allá por donde pasaban. Un amigo le consiguió la herramienta eficaz para poder ser efectiva y no perder demasiado tiempo en sacar y volver a meter  los elementos que formaban parte de su labor.  Tenía la sabiduría suficiente y reglas de urbanismo claras afianzadas dentro de ella, debido, seguramente, a la severa educación recibida en el seno familiar, ahora abandonado, y a sus estudios en el país de origen del que tuvo que salir, por necesidad vital de supervivencia, hacía algo más de dos años.
Se graduó en arte contemporáneo en la “University  of Bucarest”. Fueron cinco años de intensa actividad cultural. La cuantía de la beca, conseguida a base de un estudio profundo, lo distribuía, parte en cubrir sus gastos en la gran ciudad y, el otro resto,  en mantener a su familia que contaba con muy pocos recursos en la aldea.
Conseguir un trabajo relacionado con sus conocimientos adquiridos era una fantasía. Así que decidió emprender el camino a otro país donde poder desarrollar y ampliar mejor sus recursos culturales y conseguir esa oportunidad laboral que todos los estudiantes sueñan, y poder ayudar mejor a sus padres y hermanos pequeños.
Intuía que algún día la suerte le fuese favorable y  que conseguiría encontrar, entre tan abundante cantidad de elementos decorativos desusados que a diario pasaban por su mano, esa obra de arte abandonada con un valor cultural incalculable y un precio tan alto que fuera capaz de revertir esta situación tan angustiosa en la que estaba inmersa. Valoraba cualquier pieza  decorativa que otros desestimaban y, que, gracias a su alto conocimiento técnico, conseguía sacar algún beneficio, el suficiente para sobrevivir ella y su familia. Soñar es tan fácil que se había convertido en su alternativa, pero pasaban los días y no encontraba aquello que andaba buscando. Consiguió crear un grupo de personas, todas ellas de su país y dedicadas a su mismo trabajo, que coordinadamente, reunían sus pertenencias y les buscaban un destino adecuado. Eran tantos dedicados a lo mismo que se habían creado verdaderas mafias entre los comerciantes que adquirían estos enseres, así que decidió crear su propio negocio, compraría todo aquello que tenía un valor y luego vendería al precio que ella creía que era lo razonable, entre los contactos que había establecido. Este trabajo suyo arrastraba y movía un verdadero ejército de personas y era en su comercio donde había conseguido que todos acudieran a venderle lo encontrado ese día.
Al fin encontró esa pieza que andaba buscando y que con seguridad, iba a sacarla de la pobreza.
Hizo contactos con un Partido Político y consiguió que todos sus compañeros, los que recogían con sus ganchos lo que otros tiraban en los contenedores, votases a ese partido. Eran tantos que consiguieron revertir los resultados  y el partido consiguió, por un estrecho margen, ganar,  sin duda, gracias a ella y a su apoyo, las Elecciones Municipales.  Se le ofreció un puesto en la Sede del Partido. Acepto entusiasmada y se le habilitó un despacho y un sueldo adecuado al número de votos que las encuestas le atribuyeron.
Con los beneficios obtenidos pudo traer a su familia a la nueva casa que había adquirido en un barrio residencial.

 Ramón Fernández de Guevara R.





No hay comentarios:

Publicar un comentario