No
había todavía amanecido. Su suerte
consistía en ser la primera, pero sus competidores lo sabían tan bien como
ella. Se había convertido en una lucha
diaria, en la que el más audaz y madrugador conseguía mejores resultados. El
trabajo era duro, pero, de momento, era el único medio de ganarse la vida. Era
una labor sucia y mal vista, sin ningún tipo de contrapartida, sin duda, porque
otros contravenían las reglas de
convivencia, dejando rastro por allá por donde pasaban. Un amigo le consiguió
la herramienta eficaz para poder ser efectiva y no perder demasiado tiempo en
sacar y volver a meter los elementos que
formaban parte de su labor. Tenía la
sabiduría suficiente y reglas de urbanismo claras afianzadas dentro de ella,
debido, seguramente, a la severa educación recibida en el seno familiar, ahora
abandonado, y a sus estudios en el país de origen del que tuvo que salir, por
necesidad vital de supervivencia, hacía algo más de dos años.
Se
graduó en arte contemporáneo en la “University
of Bucarest”. Fueron cinco años de intensa actividad cultural. La
cuantía de la beca, conseguida a base de un estudio profundo, lo distribuía,
parte en cubrir sus gastos en la gran ciudad y, el otro resto, en mantener a su familia que contaba con muy
pocos recursos en la aldea.
Conseguir
un trabajo relacionado con sus conocimientos adquiridos era una fantasía. Así
que decidió emprender el camino a otro país donde poder desarrollar y ampliar
mejor sus recursos culturales y conseguir esa oportunidad laboral que todos los
estudiantes sueñan, y poder ayudar mejor a sus padres y hermanos pequeños.
Intuía
que algún día la suerte le fuese favorable y
que conseguiría encontrar, entre tan abundante cantidad de elementos
decorativos desusados que a diario pasaban por su mano, esa obra de arte
abandonada con un valor cultural incalculable y un precio tan alto que fuera
capaz de revertir esta situación tan angustiosa en la que estaba inmersa.
Valoraba cualquier pieza decorativa que
otros desestimaban y, que, gracias a su alto conocimiento técnico, conseguía
sacar algún beneficio, el suficiente para sobrevivir ella y su familia. Soñar
es tan fácil que se había convertido en su alternativa, pero pasaban los días y
no encontraba aquello que andaba buscando. Consiguió crear un grupo de
personas, todas ellas de su país y dedicadas a su mismo trabajo, que
coordinadamente, reunían sus pertenencias y les buscaban un destino adecuado.
Eran tantos dedicados a lo mismo que se habían creado verdaderas mafias entre
los comerciantes que adquirían estos enseres, así que decidió crear su propio
negocio, compraría todo aquello que tenía un valor y luego vendería al precio
que ella creía que era lo razonable, entre los contactos que había establecido.
Este trabajo suyo arrastraba y movía un verdadero ejército de personas y era en
su comercio donde había conseguido que todos acudieran a venderle lo encontrado
ese día.
Al
fin encontró esa pieza que andaba buscando y que con seguridad, iba a sacarla
de la pobreza.
Hizo
contactos con un Partido Político y consiguió que todos sus compañeros, los que
recogían con sus ganchos lo que otros tiraban en los contenedores, votases a
ese partido. Eran tantos que consiguieron revertir los resultados y el partido consiguió, por un estrecho
margen, ganar, sin duda, gracias a ella
y a su apoyo, las Elecciones Municipales.
Se le ofreció un puesto en la Sede del Partido. Acepto entusiasmada y se
le habilitó un despacho y un sueldo adecuado al número de votos que las
encuestas le atribuyeron.
Con
los beneficios obtenidos pudo traer a su familia a la nueva casa que había
adquirido en un barrio residencial.
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