Su nacimiento fue completamente inesperado,
de la misma forma que lo serían la mayoría de los posteriores días de su vida. A
causa de ello, durante esos primeros instantes de existencia, tuvo que soportar
que una excesiva atención fuera dirigida hacia ella. Cada pequeña acción,
respiración, sonido, susurro… fue registrado minuciosamente. E incluso
garabateado y anotado. La pequeña no sabía que aquel hecho era inusual, por lo
que decidió aceptarlo sin queja alguna, creyendo que era lo que siempre sucedía
con las que eran como ella. Su ignorancia le impidió saber que en muy extrañas
ocasiones un nacimiento era tan felizmente recibido como el suyo...
Sin embargo, y como siempre acaba
sucediendo, el tiempo hizo que ese interés fuera reduciéndose hasta casi
desaparecer por completo. Sus acciones dejaron de parecer originales e
innovadoras, siendo consideradas como algo sin contexto ni sentido. Y, como es
natural, aquella situación sí generó que la pequeña se sintiera molesta. La
soledad, que incluso llegó al punto de poder llamarse abandono, hizo mella en
su carácter. Nadie era como ella. Nadie parecía comprenderla. Nadie quería
hacerle el más mínimo caso. Si consiguió seguir existiendo, fue a base de una
gran fuerza de voluntad y de no dejar de creer en sí misma y sus posibilidades.
Hasta que al cabo de mucho
tiempo, y de forma tan imprevista como fue su origen en el mundo, algo pareció
encajar. No de la misma forma que se encuentra la pieza que falta en un puzzle,
sino, más bien, como si un código hubiera sido descifrado, dando sentido a todo
lo que antes carecía de él. La atención volvió, y lo hizo de forma mucho más
abrumadora que al principio. Esta vez, incluso más seres como ella comenzaron a
acercarse, a interactuar entre ellos y a ayudarse a avanzar. Avanzar, avanzar y
avanzar… Porque desde el comienzo siempre había existido esa meta: alcanzar el
final. Se acercaron detalles, personajes, espacios, voces, diálogos, palabras,
imágenes… formando en su conjunto algo tan grande que abarcaba en su totalidad
el principio y el final.
De forma que la vida de la
pequeña idea pudo finalmente concluir.
Estaba terminada, con todas sus
partes pensadas. Siempre quedaba ese pequeño e importante margen a la
improvisación, pero el guion estaba completo.
El escritor comenzó entonces a relatar,
palabra tras palabra, frase tras frase, párrafo tras párrafo… Dando rienda suelta a todo
lo que había estado encerrado en su cabeza durante todos esos meses, realizando el mismo camino que la idea había vivido en su mente. Esa idea
que había surgido de la nada en uno de los días más tristes de su vida; esa
idea que en un comienzo había sido emocionante, pero que no había sido capaz de
evitar sucumbir ante los bloqueos; esa idea que había crecido gracias a muchas
otras, que había madurado hasta convertirse en algo más que una simple y
pequeña idea…
Una idea en la que la gente
quedara atrapada de la misma forma que su creador lo había hecho.
(501 palabras).
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