¿Cómo es ella? Es como un
laberinto que no tiene salida y a la vez, el hogar de las emociones
que nacen al interactuar conmigo.
Un laberinto electrónico
donde sus cables transportan los impulsos eléctricos necesarios para
pintar una bella melodía. Ella también es un amor eterno que
siempre recordaré por sus interminables pasadizos que reviven mis
cinco sentidos.
Escucho a un pianista, el
creador de este laberinto, que lo va creando y modificando mediante
la melodía de su piano que degrada o transforma mi aventura.
-No temas al laberinto,
este es tu hogar -me dice el pianista cantando un tema extraño que
fluye a mi lado-. Visitalo cuando quieras y no renuncies ni a su
aliento ni a su mirada: ella te conquistará.
Mientras, sigo siendo preso
de este lugar que no consigo identificar del todo.
-No pidas auxilio, no lo
necesitas -me canta-, abre tu mente. Lee las paredes y forma parte de
este paraje. Cuando lo conozcas, lo harás tuyo para siempre.
Mientras sigo caminando
entre estas enigmáticas paredes, me doy cuenta de que no estoy solo
en este mundo. Observo que a mi alrededor aparecen una inmensidad de
entes que también deambulan por el laberinto. Hay de todo tipo:
abstractos, racionales, de colores, grises, vivos, muertos...
Por la pared del laberinto
veo un pentagrama implementado en un lenguaje de programación.
Cuando lo desencripto, me doy cuenta de que es el tema principal de
la pieza musical que se escucha a través del piano. Lo canto para mí
mismo y sigo el código fuente implementado en la pared.
En un momento dado, dejo de
leer la pared porque el código implementado desemboca en un lugar
que parece ser una inmensa plaza. Allí, me fijo que en el centro hay
una fuente donde en la parte más alta, en lo alto de un pilar, me
encuentro al pianista con un piano de cola que emite todo tipo de
caracteres y figuras que van construyendo el laberinto. Pero un
puente y un río de aguas cristalinas llenas de monstruos (incapaces
de ser creados por una mente humana) me separan de la plaza. Decido
atravesar el puente con coraje.
Cuando lo hago, me
encuentro en el suelo moribundo y arrastrándome hacia la fuente.
Cuando llego, bebo de su agua que me cura mis heridas y limpian mis ojos.
-Me encanta tu creación
-le digo al pianista.
-Lo siento, pero no soy el
pleno creador de este misterioso lugar -me responde con un canto.
-Entonces, ¿quién más
está detrás de todo esto?
-Tú. En ningún momento no
he terminado este laberinto. No te diste cuenta, pero has ido
moldeando e interpretando este lugar. Doy la libertad plena a que la
modifiques. Ella es como un rompecabezas nacida de mi.
-¿Quién es ella que
siempre esta presente? -Le digo con voz temblorosa.
-Ella es esta galaxia.
Ella es... la frase perfecta, una alma libre -me canta el pianista
con un gran acelerando y termina con una cadencia que acaba
iluminando la plaza entera.
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