jueves, 23 de octubre de 2014

La vida en espera (Primer ejercicio)


No sé qué es la Literatura. Sé como otros muchos su definición, pero dudo mucho que eso sirva, al fin y al cabo como pasa en otras muchas cosas de la vida, conocer la definición de algo, su significado académico y realmente conocer qué es,  no es lo mismo. Hace mucho tiempo leí que Etgar Keret decía que un escritor debía ante todo amar a sus personajes, sin importar quienes fueran o lo malvados que pudieran llegar a ser. ¿Y si la clave para empezar a resolver este rompecabezas se encontrara ahí? ¿Y si la Literatura se redujera a un simple acto de amor hecho por medio de las palabras? El amor del escritor por lo que escribe, por sus personajes, y el amor del lector por lo que lee. Eso me ha hecho plantearme una serie de dudas existenciales: en el hipotético caso de que los personajes pudieran sentir realmente, ¿amarían ellos al escritor? ¿Amarían ellos al lector? ¿Qué es para un personaje la Literatura?

La vida en espera
Todo está oscuro. No hay luz, no hay color, no hay ruido, no hay nada. Nuestro mundo ha dejado de existir, está en pausa. Cuando habitas en el limbo descubres que no hay espacio, que no existe el tiempo o quizás seamos nosotros los que dejemos de existir. En este limbo nuestro mundo es vacío y sólo podemos escuchar, no a nosotros, no a nuestro mundo sino al tuyo. Ese mundo ajeno al nuestro que sólo podemos alcanzar a vislumbrar a través de tus ojos, que únicamente podemos escuchar cuando nos permites acompañarte allá a dónde vas.
Tú te has ido de nuestro lado, pero nosotros no lo hemos hecho del tuyo y escuchamos. Te escuchamos. Oímos tus pasos, oímos los pasos de los que te rodean, las voces de quienes te acompañan, los buenos días, los ¿qué tal? , los chistes, las bromas y chascarrillos y por supuesto las despedidas. Te oímos caminar, atravesar el tráfico, bajar las escaleras y silbar. Sentimos las sacudidas al acelerar el paso, te sentimos correr y saltar mientras un pitido penetrante y artificial te indica el cierre de puertas que tantas veces antes hemos oído junto a ti. Lo has conseguido, has llegado a tiempo y la comida no se enfriará. Sentimos tu alivio al suspirar, estás cansado y querrás descansar, pero por favor no nos abandones. Por favor, no te rindas e inténtalo una vez más hoy. Luego tendrás que estudiar y sacar a Colmillos a pasear. Déjanos ayudarte a desconectar, úsanos, ayúdanos y nosotros te ayudaremos a ti sin dudar.
Aquí no hace frío ni calor, aquí no hay agobios ni descanso, aquí no hay nada. Oímos como abres la cremallera. Pero nosotros no queremos hacernos ilusiones. Tú rebuscas entre carpetas de apuntes, folios y estuches. ¡Qué alegría! ¡Nos has cogido, nos has sacado! Por primera vez, en un tiempo que no podemos determinar, sentimos algo. Sentimos el calor de tus manos, abriendo la portada y deslizándose por las páginas pasadas mientras nuestro mundo comienza poco a poco a activarse y página a página rápidamente todo va cobrando vida mientras nos alejamos cada vez más de ese terrible y desolador limbo. Vuelve la luz, vuelven las sombras, los colores, nuestros sonidos, nuestra voz y nuestra vida. Vuelve el espacio, vuelve el tiempo y lo más importante, volvemos nosotros. Tus dedos encuentran el naipe que usas como marcador y lo retiran. ¡Vuelve la acción!
Las palabras fluyen y tú nos observas con suma atención, te sentimos saborear cada línea, cada palabra, cada punto y cada coma. Tú nos observas, pero nosotros a ti también. Vemos tus ojos clavados en nosotros, vemos esa forma con la que te recoges el mechón rebelde detrás de la oreja, vemos esa forma tan sutil con la que casi de forma imperceptible marcas con tus labios las partes del texto, nuestro texto, que más te están gustando. Sentimos tu aliento, tu respiración, acariciar la copa de nuestros árboles. Queremos tocarte, pero no podemos. Por favor sigue leyendo, no nos dejes, no nos abandones, no te distraigas. Ignora el móvil, ya tendrás tiempo de responderle a Juan.  No es que seamos celosos pero ahora te queremos exclusivamente para nosotros. Ignora a esa señora tan molesta que grita a los cuatro vientos y a ese señor que farfulla sobre el fútbol. No te aportan nada, ni siquiera una digna distracción. Te necesitamos para vivir, querida lectora, querida amiga, así que por favor sigue leyendo y disfruta del viaje porque nosotros disfrutamos contigo. El tiempo pasa, la gente a tu alrededor se mueve y cambia, como las páginas que van pasando una a una, las paradas se anuncian y tú ni te inmutas. Mientras tanto nosotros vivimos de la forma más real que se nos permite. Paisajes imposibles, hermosos atardeceres, conversaciones magistrales, ardides y traiciones, romances y pasiones. Desplegamos nuestro mundo en su gran esplendor tal y como el Gran Creador quiso que fuera, grabando a tinta su voluntad y otorgándonos la posibilidad de existir entre tus manos, mi amada lectora. Pero por desgracia el capítulo llega a su fin y tu parada se acerca. Por aquí no podemos evitar sentir algo de tristeza agridulce. Nos alegra verte disfrutar, pero nos apena saber que pronto pararás.  Sentimos tu emoción, tus pupilas están dilatadas y cada vez son más las frases que marcas con esos labios tuyos que quisiéramos besar, pero no podemos, pues tu mundo y el nuestro no son el mismo. Te queremos. Te amamos. No es un amor real, pero nada en nuestro mundo lo es. Nos has dado la vida, como otros muchos antes y no nos importa quién seas mientras nos leas.
            Nos conocemos desde la primera página, desde nuestro inicio y lo harás hasta el final. Luego nos abandonarás, quizás para siempre o quizás te pares y regreses para recordar. Tal vez nos olvides, o tal vez no, mientras tanto aquí estaremos esperando, sin olvidarte, a que alguien como tú nos recoja y nos rescate,  a que alguien nos ayude a cobrar vida y podamos renacer de nuevo y disfrutar junto a ti de este viaje, de esta experiencia que para ti es leer y para nosotros existir.

Se oye un ruido de fondo, una voz artificial se alza sobre el murmullo general y anuncia tu parada y nuestro adiós, o mejor dicho, hasta luego. La gente a tu alrededor se levanta y se mueve un tanto caóticamente mientras tú apuras cada palabra del párrafo. Con el naipe marcas tu despedida y poco a poco nuestro mundo comienza a desaparecer, las páginas se deslizan en orden inverso entre tus dedos. Nos quedamos inmóviles,  ya no hay brisa, ya no tenemos voz ni color. Ya no hay luz. Sólo nos queda escuchar.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu relato Pablo. En mi opinión es original y está bien redactado por lo que se lee con facilidad e interés. Se ajuta al tema que nos propuso Fede y en longitud se excede un poco pero no se hace largo. Por mi parte Enhorabuena Pablo!.

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