LA
LITERATURA
Laia Vidal
La
melancolía de una vida demasiado corta para tanta biblioteca.
Palabras de Julio Cortázar que se reflejan en mi mente al ver leer a mi padre
en el sofá, pues él me enseñó a leer, en el sentido amplio, en el sentido pleno
de la palabra leer, donde no entendemos el seguir una vocal a una
consonante, cuando lo que entendemos es
una historia, una historia que dejará en ti un recuerdo imborrable.
Él me llevó de la mano por los senderos de García
Márquez , Saramago, Benedetti, Estellés… hasta que aprendí a caminar sola y
adentrarme en las historias que yo necesitaba, y ese, ese es un gran momento.
Descubrir tus propios senderos literarios, como el niño que consigue dar su
primer paso sin sujeción, adentrarte en
los suburbios de Nueva York con Spambauer, París con Oliveira, Los Ángeles con
Bukowski, el dolor y la impotencia de Auschwitz junto a Primo Levi, a Viktor
Frankl, y tanto más.
La historia ha hablado de muchas musas, Man Ray
tenía a Lee Miller, Buñuel tenía a Katherine, Dalí a Gala, yo tengo a la
literatura, a las letras, a las emociones que ellas causan y que reflejo en mis
cuadros. Y aunque no le atribuyo una forma física, un cuerpo en el que
inspirarme, siempre le atribuí un color, para mí la literatura es gris, un gris
que te golpea y te sacude por dentro y te lo remueve todo, un gris como los
monocromos de Richter que tienen la capacidad de hacerte llorar, de erizarte la
piel, transportarte a otro lugar y empatizar con él.
Arte y literatura van de la mano, se miran, se rozan, son el mismo ente manifestándose
de modos distintos, los amantes de Estellés, palabras versus imágenes ¿Qué vale más, una imagen o mil palabras?, evitemos
el huevo y la gallina, y simplemente dejémonos llevar por aquello que nos
transmite, y veremos que la esencia es la misma, la capacidad de ambas cosas
para transportarte a todos los lugares sin moverte del propio asiento, para
arrancarte una sonrisa, para llorar… Me seduce la idea de crear y poder ser
partícipe de lo que otros crearon, porque una obra no es completa sin el ojo de
un espectador, sin ir a morir a los ojos de un lector que ara el texto suyo
desde el momento en que un libro roza sus manos.
Desde pequeña me enseñaron que escribir era una vía
de escape, un recurso para cuando el dolor aprieta, puede que un papel sea un
buen psicólogo, puede que un lápiz sea el mejor ansiolítico, pero sobretodo es
un buen consejero, escribir, en momentos de tristeza, de rabia, de impotencia,
canalizarlo todo en ese trocito de papel blanco, y en unos días releerlo, y tú
mismo te habrás marcado las pautas necesarias para ver ese mismo problema que
te atormentaba desde una perspectiva diferente, para quitarle peso o para
encontrar nuevas soluciones de una manera más sencilla.
Cuando
comprendas que lo que estás contando no es más que una historia. Que ya no está
pasando. Cuando comprendas que la historia que estás contando no son más que un
puñado de palabras, cuando puedas arrugarla y tirar tu pasado a la papelera,
entonces decidiremos quién vas a ser a partir de ahora. No encuentro mejores palabras para
explicar lo que busco que las de Palahniuk, ciertamente no es fácil llegar a
comprender siempre que aquello que tanto dolor te ha ocasionado son solo
palabras, verdades enmascaradas de mentira, crear un personaje, un narrador,
que incluso en la más extrema ficción se están llevando un pedacito de ti sin
que tú lo puedas evitar.
Me gusta pensar que la gente siempre ha tenido una
necesidad de lectura, creo que nada hubiera sido igual sin una Biblia, sin un
Corán, sin los hilos de Penélope, los círculos de La divina comedia, las
locuras de Don Quijote, la nariz de Cirano, el Missisipi sobre balsa con Huck,
la mar con Hemingway, el gato negro, el pájaro azul, la Maga.
En mi caso no habría sido lo mismo sin un retrato en
particular, uno de Oscar Wilde, el de Dorian Gray concretamente. Ese libro
llegó a mis manos a los diez años y me despertó algo nuevo, para mi es el
primer libro que leí, el primer libro propiamente dicho. Hasta el momento:
aventuras de niños, brujas, magos, animales… lectura insustancial que te exigen
en el colegio y que te siguen exigiendo durante toda la secundaria, pero El
retrato de Dorian Gray ese no, ese me atrapó, me enseño un nuevo lenguaje, un
cinismo desconocido para mí, fue la primera vez que entre en una historia,
forme parte de la historia, me codee con sus personajes, tome té con Henry,
asistí a las obras de teatro para ver a Sibila Vane, sentí la frialdad de un
mundo que envejece y como lo pierdes todo por no envejecer con él, incluso tu
ética y tú dignidad. Como te deshumanizas, como te pierdes a ti mismo. Y al
terminarlo y cerrar aquel libro, sin ya un marca páginas por donde seguir, me
sentí extraña, fue un sentimiento de despedida, una añoranza hacia un sitio
donde has pasado un tiempo breve pero intenso, como un adiós a unos amigos que
haces durante unas vacaciones de verano, y todo aquello se encontraba cerrado
entre unas páginas, y así me ha seguido sintiendo con cada libro, construyendo
un recuerdo de él y no una sinopsis, y cambió mi modo de ver el objeto libro,
ya no era un amasijo de páginas entre dos tapas, para mí un libro sobre la mesa
es una boca cerrada, es la máxima compresión, puesto que es infinito todo lo
que puede albergarse en veinte centímetros de papeles. Me gusta mirar la
estantería del dormitorio y ver todas aquellas historia que he compartido con
los personajes en algún momento sintiendo como hacen presión para salir, como
un armario que cierras a la fuerza con demasiadas cosas dentro; desde los
estantes sigue la ladrona de libros llorando en las ruinas, todos siguen con su
ceguera blanca como un mar de leche, Horacio sigue tomando mate, sigue Firmin
comiendo libros, Hank Chinaski todavía está borracho, Miller en su retrete,
Andrea tocando el violín del diablo y
William todavía sigue buscando a Charlie 2Lunas por las calles de Nueva
York.
¿Y con esto respondo que es para mí la literatura?
Como he ido explicando, en resumen, para mí ha sido
una senda, una musa, una terapeuta, una compañera de viaje, pero sobretodo un
grato recuerdo.
M'ha agradat aquesta reflexió. És un bon elogi a la literatura. Enhorabona.
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