jueves, 16 de octubre de 2014

La literatura



LA LITERATURA
Laia Vidal

La melancolía de una vida demasiado corta para tanta biblioteca. Palabras de Julio Cortázar que se reflejan en mi mente al ver leer a mi padre en el sofá, pues él me enseñó a leer, en el sentido amplio, en el sentido pleno de la palabra leer, donde no entendemos el seguir una vocal a una consonante,  cuando lo que entendemos es una historia, una historia que dejará en ti un recuerdo imborrable.
Él me llevó de la mano por los senderos de García Márquez , Saramago, Benedetti, Estellés… hasta que aprendí a caminar sola y adentrarme en las historias que yo necesitaba, y ese, ese es un gran momento. Descubrir tus propios senderos literarios, como el niño que consigue dar su primer paso sin sujeción,  adentrarte en los suburbios de Nueva York con Spambauer, París con Oliveira, Los Ángeles con Bukowski, el dolor y la impotencia de Auschwitz junto a Primo Levi, a Viktor Frankl, y tanto más.
La historia ha hablado de muchas musas, Man Ray tenía a Lee Miller, Buñuel tenía a Katherine, Dalí a Gala, yo tengo a la literatura, a las letras, a las emociones que ellas causan y que reflejo en mis cuadros. Y aunque no le atribuyo una forma física, un cuerpo en el que inspirarme, siempre le atribuí un color, para mí la literatura es gris, un gris que te golpea y te sacude por dentro y te lo remueve todo, un gris como los monocromos de Richter que tienen la capacidad de hacerte llorar, de erizarte la piel, transportarte a otro lugar y empatizar con él.
Arte y literatura van de la mano,  se miran, se rozan, son el mismo ente manifestándose de modos distintos, los amantes de Estellés, palabras versus imágenes ¿Qué vale más, una imagen o mil palabras?, evitemos el huevo y la gallina, y simplemente dejémonos llevar por aquello que nos transmite, y veremos que la esencia es la misma, la capacidad de ambas cosas para transportarte a todos los lugares sin moverte del propio asiento, para arrancarte una sonrisa, para llorar… Me seduce la idea de crear y poder ser partícipe de lo que otros crearon, porque una obra no es completa sin el ojo de un espectador, sin ir a morir a los ojos de un lector que ara el texto suyo desde el momento en que un libro roza sus manos.
Desde pequeña me enseñaron que escribir era una vía de escape, un recurso para cuando el dolor aprieta, puede que un papel sea un buen psicólogo, puede que un lápiz sea el mejor ansiolítico, pero sobretodo es un buen consejero, escribir, en momentos de tristeza, de rabia, de impotencia, canalizarlo todo en ese trocito de papel blanco, y en unos días releerlo, y tú mismo te habrás marcado las pautas necesarias para ver ese mismo problema que te atormentaba desde una perspectiva diferente, para quitarle peso o para encontrar nuevas soluciones de una manera más sencilla.

Cuando comprendas que lo que estás contando no es más que una historia. Que ya no está pasando. Cuando comprendas que la historia que estás contando no son más que un puñado de palabras, cuando puedas arrugarla y tirar tu pasado a la papelera, entonces decidiremos quién vas a ser a partir de ahora. No encuentro mejores palabras para explicar lo que busco que las de Palahniuk, ciertamente no es fácil llegar a comprender siempre que aquello que tanto dolor te ha ocasionado son solo palabras, verdades enmascaradas de mentira, crear un personaje, un narrador, que incluso en la más extrema ficción se están llevando un pedacito de ti sin que tú lo puedas evitar.
Me gusta pensar que la gente siempre ha tenido una necesidad de lectura, creo que nada hubiera sido igual sin una Biblia, sin un Corán, sin los hilos de Penélope, los círculos de La divina comedia, las locuras de Don Quijote, la nariz de Cirano, el Missisipi sobre balsa con Huck, la mar con Hemingway, el gato negro, el pájaro azul, la Maga.
En mi caso no habría sido lo mismo sin un retrato en particular, uno de Oscar Wilde, el de Dorian Gray concretamente. Ese libro llegó a mis manos a los diez años y me despertó algo nuevo, para mi es el primer libro que leí, el primer libro propiamente dicho. Hasta el momento: aventuras de niños, brujas, magos, animales… lectura insustancial que te exigen en el colegio y que te siguen exigiendo durante toda la secundaria, pero El retrato de Dorian Gray ese no, ese me atrapó, me enseño un nuevo lenguaje, un cinismo desconocido para mí, fue la primera vez que entre en una historia, forme parte de la historia, me codee con sus personajes, tome té con Henry, asistí a las obras de teatro para ver a Sibila Vane, sentí la frialdad de un mundo que envejece y como lo pierdes todo por no envejecer con él, incluso tu ética y tú dignidad. Como te deshumanizas, como te pierdes a ti mismo. Y al terminarlo y cerrar aquel libro, sin ya un marca páginas por donde seguir, me sentí extraña, fue un sentimiento de despedida, una añoranza hacia un sitio donde has pasado un tiempo breve pero intenso, como un adiós a unos amigos que haces durante unas vacaciones de verano, y todo aquello se encontraba cerrado entre unas páginas, y así me ha seguido sintiendo con cada libro, construyendo un recuerdo de él y no una sinopsis, y cambió mi modo de ver el objeto libro, ya no era un amasijo de páginas entre dos tapas, para mí un libro sobre la mesa es una boca cerrada, es la máxima compresión, puesto que es infinito todo lo que puede albergarse en veinte centímetros de papeles. Me gusta mirar la estantería del dormitorio y ver todas aquellas historia que he compartido con los personajes en algún momento sintiendo como hacen presión para salir, como un armario que cierras a la fuerza con demasiadas cosas dentro; desde los estantes sigue la ladrona de libros llorando en las ruinas, todos siguen con su ceguera blanca como un mar de leche, Horacio sigue tomando mate, sigue Firmin comiendo libros, Hank Chinaski todavía está borracho, Miller en su retrete, Andrea tocando el violín del diablo y  William todavía sigue buscando a Charlie 2Lunas por las calles de Nueva York.
¿Y con esto respondo que es para mí la literatura?

Como he ido explicando, en resumen, para mí ha sido una senda, una musa, una terapeuta, una compañera de viaje, pero sobretodo un grato recuerdo.

1 comentario:

  1. M'ha agradat aquesta reflexió. És un bon elogi a la literatura. Enhorabona.

    ResponderEliminar