Ufff... buen
comienzo, ideas, ¿qué ideas?.
Leyendo cuatro
personas, dos libros físicos y otros dos libros electrónicos. ¿Tú qué
prefieres, querido lector?, él prefería los libros físicos, sueltan ese aroma
característico a libro nuevo, y si es viejo mejor, han pasado las manos por él,
y va desprendiendo el olor de nuevo, recién salido de imprenta y se transforma
en el olor corporal de las manos, de cada persona que lee el libro.
-"Pròxima
parada San Isidre"-, escuchaba por megafonía.
- ¿Qué libro
estarán leyendo?, ¿cuándo fue escrito?,- pura imaginación, pensaba, el joven
escritor, ahora se siente más a gusto que hacía un tiempo, decidió fomentar una
de sus facetas y pasar a la acción, después de leer algo de escritura creativa,
y escribir un poco, pero no demasiado, decidió tomárselo más en serio y volver
a escribir.
-"Pròxima
parada Safranar"-, escuchaba por megafonía.
Estarían leyendo
un libro suyo, ¿quién sabe?, ¿qué emociones y sensaciones estarían
experimentando?. Difícil de transmitir cuando se escribe, esas emociones son las
que quería transmitir el joven escritor, después de un golpe inesperado de la
vida y de acumular malas emociones y sensaciones horribles, ya era hora de soltarlas,
las había sentido claramente en años atrás y ahora quería convertirlas en
palabras con sentido, poesía, novela, o ¿ quién sabe en qué?.
-"Pròxima
parada Alameda"-, escuchaba por megafonía.
Rodillas juntas,
sentada y leyendo, una postura de lo más normal, con un pantalón vaquero
descolorido negro, un suéter de lana blanco y un pañuelo en el cuello, pelo
negro, joven, con un bolso marrón.
-"Próxima
parada Amistad-Salud"-, escuchaba por megafonía.
Ideas no le
faltaban al joven escritor, pero de la literatura, no sabía nada, simplemente
sabía que tenía un sensación de escribir, de contar historias desde que sucedió
el trágico accidente que cambió su vida.
-"Última
parada Marítim-Serrerría"-, escuchaba por megafonía
Una necesidad
imperiosa reinaba en su mente, si no lo hacía no pararía de resonar como un
tambor.
-"Pròxima
parada Ayora"-, escuchaba por megafonía
Llamaba la
puerta cada dos por tres, y era un resorte que no le dejaba conciliar el sueño,
hasta que un día empezó y no paró de escribir. El bolígrafo escribía palabras y
palabras, con y sin sentido, que luego serían leídas por alguien, o si sucedía
lo contrario, se convertirían en papel rallado, depositado en un cajón, almacenando
polvo durante años. Capas y capas de polvo que ennegrecía el papel y pasaría de
blanco a satinado.
-"Pròxima
parada Colom"-, escuchaba el joven escritor.
¿Te gusta
escuchar música?, sí, a ti lector, mientras lees, o ¿te molesta?, él era de
escuchar música mientras leía. Pero debía ser una música especial, escogida con
mucho cariño, para la ocasión, y el acto de leer, acompañado de una copa de
vino, preferiblemente blanco o aunque negro también le gustaba.
-"Próxima
parada Àngel Guimerà"-, escuchaba por megafonía, el joven escritor, se
bajo en esta parada para ir a una cafetería, tomarse un café con leche y
realizar uno de sus placeres.
Seguia un ritual
cada vez que quería dedicarse a la lectura o la escritura, se levantaba
temprano desayunaba un par de tostadas con tomate y aceite de oliva virgen, a
veces alguna cortada de jamón serrano, un café con leche y cogía el libro y se
ponía a leer durante un tiempo.
Después
practicaba algo de deporte durante treinta minutos y una hora. Una ducha para
despejarse, cogía algo para el almuerzo, nueces, alguna pieza de fruta y las
llaves del coche.
Se escuchaba
chirriar, el sonido de los frenos, cuando se detenía el andén para que los
pasajeros subiesen y bajasen.
Sorbo de vino,
sentir el aroma a la tierra de secano, el olor a las plantas silvestres de la
zona, el sabor suave con toque afrutado. Te transportaba a la montaña, lleno de
arbustos, árboles, y a lo lejos, en el horizonte se podían ver las montañas,
una espesa humareda de vegetación verde, saliendo el sol, el amanecer se
acercaba.
-"Pròxima
parada Joaquim Sorolla - Jesus", escuchaba
-¿Quién diría
que esto que estás leyendo es literatura?-, sí, tu querido lector, que puedes
estar en el metro, en tu casa, en el banco de un parque, el un autobús
dirección al trabajo, o de vuelta en el tren, o tal vez en la cama, utilizando
la dosis para conciliar el sueño, ¿quién sabe?.
Sólo si el
escritor conseguía escribir desde la emoción y transmitía lo que sentía en esos
momentos sería acogido por ti, tal vez podías sentirte identificado, entonces y
sólo entonces pasaría a formar parte de tu biblioteca personal y podrías
considerarlo que es literatura.
-"Pròxima
parada València Sud",- escuchaba, en esta parada se bajo y se dirigió a
coger su coche, para regresar a casa.
Sorbo de vino, y
volvía a leer unas cuantas páginas, en ocasiones y según la trama no conseguía
soltar el libro, y otras la trama no le atrapaba.
Cuando sucedía
eso, cogía la libreta y se ponía a escribir. Dejaba la pluma correr y el papel
empezaba a llenarse de tinta impresa.
-Se escuchaba la
canción, "ángel de amor necesito una luz en mi vida..."
¿Dónde se encontraba
ahora?, ¿podrías descubrirlo?, sí, a ti, querido lector. Había cambiado de
lugar. Era a finales del mes de octubre, hacía calor, y en esa época del año no
debería hacer tantos grados.
Sentado en una
terraza, al aire libre, tomándose un café con leche, podía observar a familias
sentadas a su alrededor, parejas paseando de compras. No era en el centro, ni
en la calle. El centro comercial era en forma circular y alrededor estaban las
tiendas, en el centro de la planta baja, se encontraba alguna cafetería, y un
pequeño bar para tomarte cervezas y comer algo rápido. En la primera planta se
encontraban las tiendas, y en la segunda planta, la zona de ocio, cines y más
restaurantes.
Se escuchaba,
" Por fin lo puedo sentir,
Te conozco y te
reconozco que por fin
Sé lo que es
vivir
Con un suspiro
en el pecho,
Con cosquillas
por dentro...
Y por fin sé por
qué estoy así....
Tú me has hecho
mejor, mejor de lo que era...
Y entregaría mi
voz a cambio de una vida entera.
Tú me has hecho
entender que aquí nada es eterno,
Pero tu piel y
mi piel pueden detener el tiempo... oh...
No he parado de
pensar
Hasta dónde soy
capaz de llegar,
Ya que mi vida
está en tus manos y en tu boca.
Me he convertido
en lo que nunca imaginé,
Has dividido en
dos mi alma y mi ser,
Porque una parte
va contigo aunque a veces no lo sepas ver...."
La soledad era
su aliada, poco a poco fue ocupando un lugar importante en su vida, no podía
deshacerse de ella, ni sabía cómo, hasta que fue acostumbrándose y le tomó cariñó
y aprecio.
Sin darse
cuenta, el joven escritor, se encontraba solo, tu querido lector eres el
compañero del joven escritor, ¿sabes ya que transporte público utilizó?, se
encontraba en la ciudad de València, pero ¿por qué paradas había pasado?, y por
último ¿qué centro comercial había visitado?, y para los más osados, ¿qué
canciones había escuchado en la radio?, y ¿qué interpretes?.
Sergi me ha parecido muy original tu relato, pero hay una cosa que no entiendo. ¿por qué tu protagonista coge las llaves después de desayunar si viaja en metro?.
ResponderEliminar