El Scalextric ocupaba
todo el comedor, recibidor, pasillo y en parte del baño estaba la
curva lenta peraltada. Las replicas de Fórmula 1 surcaban la casa.
Martín y su hijo mayor, Diego controlaban los mandos mientras la
pequeña Marta colocaba los vehículos si se salían en una curva. El
sonido era suave, monótono y recalcitrante.
Carmen miraba la escena
con una sonrisa. Ciertamente limpiar la casa con aquel montaje era
complicado y duro, pero finalmente sus hijos se habían desenchufado
de la televisión, reían y no peleaban. Eran un par de semanas según
dijo Martín. Cosas de su trabajo como representante. No pasaba nada;
la abuela Rosa, su madre, no podía impedimentos a no poder salir de
su habitación con la silla de ruedas.
El olor a pegamento se
disimulaba con el ambientador que había comprado días atrás. No
tardaría en llegar otra visita, la casa debía estar ordenada.
Curiosamente Martín no estaba. Su obra se muestra en todo su
esplendor en la mesa del comedor. Una maqueta de Minas Tirit hecha
con miles de palillos. Meses atrás su marido se empecino en
participar en aquel concurso de la Asociación de Vecinos. Realizar
una maqueta con palillos. Días y días de olor a pegamento y tener
que comer en la mesa
auxiliar de cristal fueron el precio que
pagaron. El problema surgió cuando la extraordinaria creación no
cabía por la puerta y no pudo llevarse a la Asociación para su
valoración. No hubo problema. Los jueces vinieron a casa y
decretaron el primer premio. Es más, ganó el primer premio de todo
Madrid. Salió en el Semanal del País, en páginas de Facebook e
incluso el mantel de ganchillo que hizo su madre, lucía orgullosa en
las fotos de Whatsup que circulaban por los móviles de los fans del
Señor de los anillos. Sonó el timbre. Carmen esperaba que fuesen
chinos esta vez. Eran tan educados…
Nada había funcionado.
Se le acababan los recursos. Por un momento pensó que las clases de
jota aragonesa recibidas en su casa estaban a punto de generar la
ruptura. No fue así. Ahora, esta noche y en unos minutos lo iba a
conseguir. Estaba seguro. El humo rodeaba la estancia. El olor a
faria había conseguido hacer desaparecer el del pegamento. Las
chicas correteaban en lencería mientras sus amigos jugaban al poker.
Él, aunque tenía una buena mano no apostaba. Esperaba a que la
puerta se abriese. A que entrasen su mujer y sus dos hijos llegados
de ver a su tía de Aranjuez.
- Perdóname una vez más
cariño – dijo Carmen -. Pensé que tu noche de cartas era Viernes
y no Sábado. Lo debí de entender mal. La semana que viene vuelve a
invitar a tus amigos, pero eso sí. Dile a Nando que no se traiga a
esas amigas con pintado de putas.
- Es que, eran putas –
pensaba Martín mientras decaído cenaba el hervido perfectamente
preparado.
Ser puntual no es un merito;es un principio
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