lunes, 23 de noviembre de 2015


                      Eme y Ce

Hace unos años Eme y Ce inician una vida en común. Son todavía jóvenes, ambos tienen trabajo y en su relación diaria intentan compaginar sus actividades laborales y domesticas. El gusanillo de tener una vida más segura les empieza a hostigar e incluso les roe y perturba  su responsabilidad. Ella, como madre de  niños pequeños, teme quedarse en la calle.
 Compaginar maternidad y trabajo en aquel momento estaba reñido, era complicado y para cualquier empresario e incluso para la administración suponía un inconveniente grave la ocupación de un puesto laboral por una joven veinteañera o en edad fértil. Esta situación de rechazo no era solo por parte de los hombres, incluso era más acusada entre  muchas mujeres,  la mayoría de ellas  más machistas que los hombres.
Ce, totalmente en desacuerdo con la situación de marginación que sufre ella y todas sus secuaces comienza su renovación hasta sentirse una mujer fuerte tal como si  Penélope hubiera hecho un retorno a la vida actual.
Decidida intenta convencer a Eme para que tanto él como ella -ya había padecido situaciones problemáticas por este motivo-  aborden su seguridad en el trabajo. Por lo tanto deben preparar una oposición para tener resuelto su día a día y su año a año.
La vida trascurre apresurada en su ciudad aunque es una capital no excesivamente grande. La pareja pese a esa inquietud provocada por la inseguridad de no tener salario fijo  disfruta de una vida en común grata,  paseos por el Jardín botánico,  zonas ajardinadas, callejuelas del casco antiguo y  todo tipo de lugares. Su edad y el bienestar de sus vivencias les proporcionan satisfacción. Solo la duda del día de mañana los desequilibraba y les provocaba  inquietud. Es en este momento cuando los dos transforman su mentalidad, su personalidad y el incipiente Ulises comprende  que lo que busca Penélope se cumplirá. Apretándola a su pecho con ardor le manifiesta que cumplirá su tarea. No sufras tendremos una vejez feliz tal como tú deseas.
La búsqueda de mayor equilibrio les llevaba a un deseo de cambio radical a partir de cumplir los treinta de años. Perséfone, reina de los Infiernos,  les promete que con su ayuda fructificara, florecerá el campo y se arreciara su vida.
¿Iban a conseguir mayor estabilidad a esa edad? La duda les corroía. 
Por el contrario ¿era este momento el más idóneo para involucrarse y lanzarse por el tobogán vital?
 El viaje que iban a emprender los dos y deseaban les llevara a su país  ideal, posiblemente  Ítaca.
Estas desconcertantes preguntas se las repetían una y otra vez los protagonistas pero ya no tenían remedio. La función había comenzado sin intermedio. No había vuelta atrás, la verticalidad les arrastraba, solo era posible iniciar la representación.
La aparición del Ciclope los aterra. Ambos tenían que sentirse héroes para alcanzar el triunfo.
Cada actor en pie, colocado en su lugar exacto.
Por los laterales  figuras sin cara y cuerpos desdibujados que poco a poco se convertirán en seres vivientes, en amigos, en conocidos, en espectros.
La pareja arremete contra los impedimentos y abre la puerta que da acceso a un nuevo escenario donde surgirán extraordinarias parejas, introvertidos y extravagantes compañeros, injustificables situaciones, cotidianas escenas con inesperados y sugerentes personajes como el de “la lechera”
Nunca más restablecerán su vida anterior. Han dado un paso hacia delante y no pueden ni deben caer en el abismo aunque los espere el Ciclope.
Eme ha conseguido llegar a la meta propuesta. Uno de los dos ya se ha afianzado laboralmente pero… ambos se preguntan:
 ¿Qué precio hay que pagar por ello?
 Sin duda una serie de trapisondas que no quiero adelantar, en su momento saldrán y las compartiremos a lo largo de la tragicomedia teatral.
PRIMER ACTO.-
Tiene lugar en una ciudad pequeña. Un contexto totalmente opuesto al anterior, difícil, con problemas. Un mal recibimiento por parte de los lugareños. Allí les esperaba Tántalo, condenado a un duro castigo consistente en que, estando en un lago cuyas aguas le llegaban hasta el cuello, y los árboles llenos de fruta sobre su cabeza, cada vez que quería comer o beber descendían las aguas y se alejaban los frutales.
Redoble de tambores y chistus en lugar de la orquesta. Rojos pañuelos anudados al cuello. Jolgorio entreverado  de miedo.

¿Ce, que hacemos aquí? ¿A qué hemos venido?
▬ El miedo me tiene amordazada. ¿Allá a lo lejos no ves un cazador?
▬ Creo que es Orión
Se escucha de fondo el resueno del gentío.
Me balbucea
▬ ¿Podremos salir con vida?
 No me sale la voz tengo la garganta agarrotada. Cala el silencio en nuestros cuerpos. Eolo silba.
Fuego en las carreteras, policías armados por doquier, miedo, mucho miedo. La multitud corre acosada por los pelotazos de goma, entre ellos  alguna bomba.
La pareja agarrada de las manos:
▬ Confundimos la dirección que nos debía conducir al paraíso y hemos recalado en el infierno.
▬ Hermes dios de los viajeros nos protegerá en esta hazaña. Dice Ce
                   En ese momento cae el telón.
Los protagonistas han desaparecido del escenario. Quizá…
▬ ¡Qué hemos hecho! Exclaman a coro.

SEGUNDO ACTO.-
Se ilumina el escenario con una luz iridiada en dorados y plata. El telón trepa  hacia lo más alto, dando la sensación de querer huir. Eme y Ce agarran con fuerza a sus pequeños, los cobijan. Por los laterales aparecen  sombras, entre ellas se arrastran personajes secundarios: Bóreas divinidad menor, Calipso que habita en el Mediterráneo, Circe con  sus rostro cubierto con gasa hechiza a los hombres y los convierte en cerdos.
 Entre palabras grises llenas de misterio y movimientos confusos se abren por completo las cortinas del escenario. La coreografía patética. Los figurantes, mudos y sigilosos, van situándose  por el fondo intentando resguardar el escenario.
El pánico es patente en el teatro.  Sube por los palcos en donde se guarecen los intrusos. Baja en espiral incandescente al patio de butacas en donde los espectadores tiemblan  aterrados por miedo a que se abran las puertas, penetren los guerrilleros y maltraten a la muchedumbre que  está en contra de la violencia
En la nueva vida de la pareja cunde el terror: Miedo de abrir la puerta de casa, miedo a la venganza porque  los consideran impostores, advenedizos, intrusos en su política, en su historia, en sus ancestros. Miedo a ser asesinados reventándoles la cavidad craneal en cualquier momento, en cualquier esquina. Miedo a Escila monstruo de siete cabezas que devora a los hombres…
Poco a poco se esfuma el telón, que aguarda vigilante en lo  más alto.  Otros personajes: Femio cantor de Ulises, Melantio, antiguo cabrero, Melanto, esclava de Penélope e Iro mendigo fanfarrón  emergen sigilosos, con morbo y van situándose por la gradería de general,  colocándose en el  sitio marcado por su destino.
 El Nudo de la obra va tomando su rumbo. Amainan las luces entre los  bastidores.

TERCER ACTO.-
Lluvia de pétalos rojos sobre un féretro que descansa en medio del escenario. Un foco en el ángulo izquierdo da luz al espacio pero no ilumina el interior del ataúd. Perséfone con ojos saltones observa.
¿Qué puede guardar la caja de madera caoba sobre la que han caído pétalos de rosas rojas? ¿Cuál su significado y mensaje? La incógnita es patente habrá que descifrarla, resolverla.
Teresias , el más célebre adivino de Grecia predice el porvenir de Eme y Ce. Les aconseja en la encrucijada y predice las penalidades que les aguarda.
 Crece hierba verde sobre el suelo en el que retozan niños jugando a la soga tira.  El “chirimiri” arrecia junto a la bambalina, las vacas pacen tumbadas entre moscas. El aguacero persiste  arrasando todo lo que encuentra a su paso.
Los reflectores, candilejas y focos encendidos. El teatro da la sensación de estar en llamas. Los espectadores en pie aplauden. Dudo si terminó la obra o es ahora cuando llega la mejor secuencia
Eme y Ce, en pie en el centro  del proscenio han cambiado de rostro. Sus ojos, la mayoría de veces lanzan miradas de alegría, otras son  de titubeo y prevención.
Por el pasillo central avanzan los más amigos, una gran ovación para ellos. Atrás compañeros y compinches.   
 Los protagonistas saludan desenvueltos. Ríen mientras agitan sus manos en el aire. Sus vidas están comenzando a evolucionar entre las bambalinas .
En las calles sigue cayendo chirimiri. La luz del sol se filtra entre las nubes… Todo presagia un cambio, una nueva vida con fin radiante que augura sosiego y bienestar a la pareja.
Zeus, dios supremo del Olimpo, padre de los dioses y los hombres vigila desde las montañas. Las águilas sobrevuelan los montes para manifestar a los protagonistas su beneplácito o su enojo.

Carmen Berga Benedito. La Eliana 21-11-2015
(SEUDONIMO CARBER)


           

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