Eme y Ce
Hace
unos años Eme y Ce inician una vida en común. Son todavía jóvenes, ambos tienen
trabajo y en su relación diaria intentan compaginar sus actividades laborales y
domesticas. El gusanillo de tener una vida más segura les empieza a hostigar e
incluso les roe y perturba su responsabilidad.
Ella, como madre de niños pequeños, teme
quedarse en la calle.
Compaginar maternidad y trabajo en aquel
momento estaba reñido, era complicado y para cualquier empresario e incluso para
la administración suponía un inconveniente grave la ocupación de un puesto
laboral por una joven veinteañera o en edad fértil. Esta situación de rechazo no
era solo por parte de los hombres, incluso era más acusada entre muchas mujeres, la mayoría de ellas más machistas que los hombres.
Ce,
totalmente en desacuerdo con la situación de marginación que sufre ella y todas
sus secuaces comienza su renovación hasta sentirse una mujer fuerte tal como si
Penélope hubiera hecho un retorno a la
vida actual.
Decidida
intenta convencer a Eme para que tanto él como ella -ya había padecido
situaciones problemáticas por este motivo-
aborden su seguridad en el trabajo. Por lo tanto deben preparar una
oposición para tener resuelto su día a día y su año a año.
La
vida trascurre apresurada en su ciudad aunque es una capital no excesivamente
grande. La pareja pese a esa inquietud provocada por la inseguridad de no tener
salario fijo disfruta de una vida en
común grata, paseos por el Jardín
botánico, zonas ajardinadas, callejuelas
del casco antiguo y todo tipo de
lugares. Su edad y el bienestar de sus vivencias les proporcionan satisfacción.
Solo la duda del día de mañana los desequilibraba y les provocaba inquietud. Es en este momento cuando los dos
transforman su mentalidad, su personalidad y el incipiente Ulises comprende que lo que busca Penélope se cumplirá. Apretándola
a su pecho con ardor le manifiesta que cumplirá su tarea. No sufras tendremos
una vejez feliz tal como tú deseas.
La
búsqueda de mayor equilibrio les llevaba a un deseo de cambio radical a partir
de cumplir los treinta de años. Perséfone, reina de los Infiernos, les promete que con su ayuda fructificara, florecerá
el campo y se arreciara su vida.
¿Iban
a conseguir mayor estabilidad a esa edad? La duda les corroía.
Por el contrario
¿era este momento el más idóneo para involucrarse y lanzarse por el
tobogán vital?
El viaje que iban a emprender los dos y deseaban les llevara a
su país ideal, posiblemente Ítaca.
Estas
desconcertantes preguntas se las repetían una y otra vez los protagonistas pero
ya no tenían remedio. La función había comenzado sin intermedio. No había
vuelta atrás, la verticalidad les arrastraba, solo era posible iniciar la
representación.
La
aparición del Ciclope los aterra. Ambos tenían que sentirse héroes para alcanzar
el triunfo.
Cada
actor en pie, colocado en su lugar exacto.
Por
los laterales figuras sin cara y cuerpos
desdibujados que poco a poco se convertirán en seres vivientes, en amigos, en
conocidos, en espectros.
La
pareja arremete contra los impedimentos y abre la puerta que da acceso a un
nuevo escenario donde surgirán extraordinarias parejas, introvertidos y
extravagantes compañeros, injustificables situaciones, cotidianas escenas con
inesperados y sugerentes personajes como el de “la lechera”
Nunca
más restablecerán su vida anterior. Han dado un paso hacia delante y no pueden
ni deben caer en el abismo aunque los espere el Ciclope.
Eme
ha conseguido llegar a la meta propuesta. Uno de los dos ya se ha afianzado
laboralmente pero… ambos se preguntan:
¿Qué precio hay que pagar por ello?
Sin duda una serie de trapisondas que no
quiero adelantar, en su momento saldrán y las compartiremos a lo largo de la
tragicomedia teatral.
PRIMER ACTO.-
Tiene
lugar en una ciudad pequeña. Un contexto totalmente opuesto al anterior,
difícil, con problemas. Un mal recibimiento por parte de los lugareños. Allí
les esperaba Tántalo, condenado a un duro castigo consistente en que, estando
en un lago cuyas aguas le llegaban hasta el cuello, y los árboles llenos de
fruta sobre su cabeza, cada vez que quería comer o beber descendían las aguas y
se alejaban los frutales.
Redoble
de tambores y chistus en lugar de la orquesta. Rojos pañuelos anudados al
cuello. Jolgorio entreverado de miedo.
▬ ¿Ce,
que hacemos aquí? ¿A qué hemos venido?
▬
El miedo me tiene amordazada. ¿Allá a lo lejos no ves un cazador?
▬
Creo que es Orión
Se escucha de fondo el resueno del gentío.
Me balbucea
▬
¿Podremos salir con vida?
No me sale la voz tengo la garganta
agarrotada. Cala el silencio en nuestros cuerpos. Eolo silba.
Fuego
en las carreteras, policías armados por doquier, miedo, mucho miedo. La
multitud corre acosada por los pelotazos de goma, entre ellos alguna bomba.
La pareja agarrada de las manos:
▬ Confundimos
la dirección que nos debía conducir al paraíso y hemos recalado en el infierno.
▬ Hermes
dios de los viajeros nos protegerá en esta hazaña. Dice Ce
En ese momento cae el telón.
Los protagonistas han desaparecido del escenario. Quizá…
▬ ¡Qué
hemos hecho! Exclaman a coro.
SEGUNDO ACTO.-
Se
ilumina el escenario con una luz iridiada en dorados y plata. El telón trepa hacia lo más alto, dando la sensación de
querer huir. Eme y Ce agarran con fuerza a sus pequeños, los cobijan. Por los
laterales aparecen sombras, entre ellas
se arrastran personajes secundarios: Bóreas divinidad menor, Calipso que habita
en el Mediterráneo, Circe con sus rostro
cubierto con gasa hechiza a los hombres y los convierte en cerdos.
Entre palabras grises llenas de misterio y
movimientos confusos se abren por completo las cortinas del escenario. La
coreografía patética. Los figurantes, mudos y sigilosos, van situándose por el fondo intentando resguardar el
escenario.
El
pánico es patente en el teatro. Sube por
los palcos en donde se guarecen los intrusos. Baja en espiral incandescente al
patio de butacas en donde los espectadores
tiemblan aterrados por miedo a que se
abran las puertas, penetren los guerrilleros y maltraten a la muchedumbre
que está en contra de la violencia
En
la nueva vida de la pareja cunde el terror: Miedo de abrir la puerta de casa,
miedo a la venganza porque los
consideran impostores, advenedizos, intrusos en su política, en su historia, en
sus ancestros. Miedo a ser asesinados reventándoles la cavidad craneal en
cualquier momento, en cualquier esquina. Miedo a Escila monstruo de siete
cabezas que devora a los hombres…
Poco
a poco se esfuma el telón, que aguarda vigilante en lo más alto.
Otros personajes: Femio cantor de Ulises, Melantio, antiguo cabrero,
Melanto, esclava de Penélope e Iro mendigo fanfarrón emergen sigilosos, con morbo y van situándose
por la gradería de general, colocándose
en el sitio marcado por su destino.
El Nudo de la obra va tomando su rumbo. Amainan
las luces entre los bastidores.
TERCER ACTO.-
Lluvia
de pétalos rojos sobre un féretro que descansa en medio del escenario. Un foco
en el ángulo izquierdo da luz al espacio pero no ilumina el interior del ataúd.
Perséfone con ojos saltones observa.
¿Qué
puede guardar la caja de madera caoba sobre la que han caído pétalos de rosas
rojas? ¿Cuál su significado y mensaje? La incógnita es patente habrá que
descifrarla, resolverla.
Teresias
, el más célebre adivino de Grecia predice el porvenir de Eme y Ce. Les
aconseja en la encrucijada y predice las penalidades que les aguarda.
Crece hierba verde sobre el suelo en el que retozan
niños jugando a la soga tira. El
“chirimiri” arrecia junto a la bambalina, las vacas pacen tumbadas entre
moscas. El aguacero persiste arrasando
todo lo que encuentra a su paso.
Los
reflectores, candilejas y focos encendidos. El teatro da la sensación de estar
en llamas. Los espectadores en pie aplauden. Dudo si terminó la obra o es ahora
cuando llega la mejor secuencia
Eme
y Ce, en pie en el centro del proscenio
han cambiado de rostro. Sus ojos, la mayoría de veces lanzan miradas de alegría,
otras son de titubeo y prevención.
Por
el pasillo central avanzan los más amigos, una gran ovación para ellos. Atrás
compañeros y compinches.
Los protagonistas saludan
desenvueltos. Ríen mientras agitan sus manos en el aire. Sus vidas están
comenzando a evolucionar entre las bambalinas .
En
las calles sigue cayendo chirimiri. La luz del sol se filtra entre las nubes…
Todo presagia un cambio, una nueva vida con fin radiante que augura sosiego y
bienestar a la pareja.
Zeus,
dios supremo del Olimpo, padre de los dioses y los hombres vigila desde las
montañas. Las águilas sobrevuelan los montes para manifestar a los
protagonistas su beneplácito o su enojo.
Carmen Berga Benedito. La Eliana 21-11-2015
(SEUDONIMO
CARBER)
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