Una de las ventajas de
continuar viviendo en el barrio de siempre, es encontrarte a amigos y conocidos
de toda la vida. Ir a comprar el pan un Sábado puede ser una actividad larga,
interesante y educativa.
Afirmaría que mi amigo Ángel
se encuentra conmigo “casualmente” para tomarse un café, escaparse de casa y
barra de pan en mano, relatarme una de sus chismes laborales de la semana.
Desafortunadamente incide en cualquier detalle. Puedo visualizar a su jefe, con el nudo doble de la corbata en
el traje gris de los martes, pero que se lo puso el Jueves, por la
reunión con los abogados de la patronal del Metro ya que colea aún el posible ERE que se va a realizar (os puedo jurar que he resumido la frase a la mitad de la versión original).
reunión con los abogados de la patronal del Metro ya que colea aún el posible ERE que se va a realizar (os puedo jurar que he resumido la frase a la mitad de la versión original).
Después de haber dejado a
Ángel y sus buenos pulmones (porque para decir esas frases hay que verlo), me
dirijo a por el pan. Marta, la panadera parece que me quiera dar un curso
acelerado de bollería, pastelería y horneado industrial. Hoy toca la tarta de
manzana. No, no. No lo crean. No piensen que la manzana sale del árbol y acaba
en un pastel. Hay mermeladas, leches, una especie de Termomix y, aunque les parezca
increíble, hasta un pincel (de cocina, por supuesto). Educativamente es ideal.
Una pena que siendo informático no me sirva para impresionar a mi jefe (el de
la corbata no, otro similar).
¿Qué ocurriría si tuviesen
una cita Ángel y Marta? Pepe el Quiosquero debería arbitrar la ficticia
conversación entre estos dos personajes. Me destripa todas las noticias. Lo
mejor es que lo realiza en un espacio corto de tiempo y sutilmente. A grandes
rasgos y en breves segundos me ha relatado los cinco periódicos que expone,
incluyendo el Finalcian times.
¿Los hijos de Ángel y la
panadera serían monologuistas? El próximo sábado en vez de café llevo a
Angelito a la panadería.
- Perdona Pepe, me llega un
mensaje. (Interrupción deliberada para que no me cuente la última tira cómica
de Garfield que sale en el Levante)
Es mi amigo Fernando. Me
manda uno de sus Whatsup matinales. Desde que mi vida familiar ha fagocitado mis juergas de Viernes,
Fernando, con un gracioso mensaje y alguna foto me resume lo que “..me he
perdido”. Lo conozco, estoy seguro que me engaña con fotos sacadas de alguna
página web guarra.
“Esas tetas no pueden ser de
este mundo”.
Obviamente el comentario no
es mío, sino de Pepe (el quiosquero). Aunque parezca maleducado divulgar
información privilegiada, hay que contrastarla. Las sensaciones que Fernando
transmite no son solo particulares, sino globales
“¡coño! pues como la crisis
que dice el Finalcian Times” (otra vez Pepe)
La ficticia historia de si
Fernando se habrá trincado o no a la Panadera se desvanece cuando paso por el
antiguo portal de mis abuelos. Me surge la añoranza, el recuerdo. El
desagradable esfuerzo de madrugar, por ir
al cole, se disipaba con una sonrisa. Mi abuelo me contaba la mejor y más corta de
las novelas. Me alegraba el día, me hacía pensar y la curiosa sensación de
transmitirlo a todo el mundo. Un simple, innovador e irrelevante chiste. Lo hecho de menos…
Miguel V.

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