¿SUEÑO? ¿REALIDAD?
Quería
aclarar mis ideas y reflexionar sobre lo que me sucedía últimamente. Por esta
razón, decidí irme sola a la casa solariega de mi abuelo. Mas una vez allí,
continuaba intranquila. Y no es que tuviera miedo a la soledad del campo ni por
estar aislada de todo contacto humano, no. Tenía esa vaga y extraña sensación
de que algo iba a suceder de forma inminente. Desde hacía varias semanas volvía
a tener el mismo sueño de mi infancia, no podría catalogarse de pesadilla, pero
sí, de misterio, con escenas desconcertantes en las que tomaba decisiones que
afectaban a otros. Me veo en un recinto tenebroso, delante de un atril en el
cual reposa un gran libro, lo abro y leo con avidez buscando no sé qué cosa.
Mis ropas pertenecen a la Edad Media.
Me
he despertado bañada en sudor, extenuada, el sueño parecía muy real. Plof,
plof, se oye en el desván. Abro los ojos, tal vez aún no me he despertado del
todo y sigo en mi sueño. Pero esta vez el lugar es diferente, estoy en mi
habitación. Observo el despertador fluorescente en la mesita de noche. Son las
tres de la madrugada. Las cortinas están echadas para propiciar mi descanso.
Todo parece estar en su sitio, pero continúa el ruido ensordecedor en el
desván. Me levanto, me echo la bata por
encima de los hombros y me precipito por las escaleras. ¡Ay, ay, me
duele! esto es real, menuda caída. Llego dolorida, abro la puerta y …¡el techo
ha desaparecido! En el centro de la estancia hay un enorme dragón verde alado
que me mira y sonríe como deben sonreír los dragones amistosos.
—Hola,
princesa Brita, soy Po. Necesito de tu ayuda, Latonila, la bruja, me ha
transformado en esto que ves, y solo tú puedes conseguir que vuelva a mi forma
humana. Has de saber que soy un
príncipe.
—Ya,
y ahora te doy un beso y se rompe el hechizo, ¿no? Regresaré a mi habitación,
no tardaré en despertarme.
Po
avanzó hacia ella. En su mirada Brita creyó ver un reflejo humano, y su actitud
suplicante acabó de convencerla. ¿Por qué
no seguir sumida en el sueño? Salvaré al dragón cueste lo que cueste, solo
espero no despertarme antes de lograrlo.
Po
le dijo que en la tierra había puntos mágicos y, que al ser localizados, tenían
la facultad de transportarte al pasado.
En
la parte de atrás de la casa había un riachuelo. Po metió la mano en el agua,
tanteó las piedras y al localizar la adecuada, la giró una vuelta completa. El
agua se secó, se abrió una abertura en la tierra por la cual penetraron y al
llegar al otro lado, Po hizo la misma operación para que todo quedase igual a
ambos lados.
Po
la previno, en ocasiones cambiaba de color, cuando fuera negro debía alejarse
de él, pues sería demoníaco y estaría por completo al servicio de Latonila.
Tampoco debía salir por la noche del castillo, pues la ciudad se convertía en
tóxica.
Iban
caminando en dirección al castillo y Brita oía a las flores: “ha vuelto, ha
vuelto, la profecía se cumplirá” y aplaudían chocando sus hojas, pero los
colibríes repetían: “o morirá o morirá, la bruja ha esperado siete siglos para
matarla”.
Brita
cada vez estaba más perpleja. Nunca había tenido un sueño tan enigmático y
atrayente. Allí iba ella al lado de un dragón que le gustaba cada vez más y del
que era correspondida.
Todo
a su alrededor tenía viveza, vibraba. Todos la esperaban con impaciencia a la
vez que sentían temor de que le ocurriese algo malo.
Brita
pensaba que podía hacer frente a cualquier circunstancia, era cinturón negro
segundo dam de Aikido. Se encontraba preparada, además, ya iba siendo hora de
que una princesa salvara, para variar, a un príncipe en apuros. Po interrumpió
su perorata mental.
—
Ya estamos llegando al castillo de la Mota.
— ¿Estamos en Medina del Campo? ¿En qué siglo?
—
Sí. Siglo XIV.
—
No puede ser. He estudiado Historia y no salen ni dragones, ni brujas, ni…
—
Po no la dejó acabar la frase. Vivimos en un mundo paralelo al vuestro donde
todo puede suceder.
Una
mujer joven observaba a Brita desde la Torre del Homenaje. Iba vestida toda de
azul, de sus hombros le salía una capa ribeteada de armiño que le caía hasta
los pies, dándole un aspecto majestuoso. Llamaba la atención el antifaz que le
tapaba los ojos por completo. Tenía crispadas las manos sobre una de las
almenas, no podía ocultar su furor.
Al
cruzar el puente levadizo y atravesar la puerta, un escalofrío invadió a Brita.
El interior del castillo le produjo cierta aprensión. Po le asignó una
habitación espaciosa, con un mirador excelente. Al despedirse le apretó las
manos en un intento de infundirle valor y le dijo:
— Tienes libertad para visitar cualquier
estancia del castillo. Latonila cuando lo crea oportuno, se pondrá en contacto
contigo. Ah, no la mires directamente a los ojos si ves que se quita el
antifaz.
A
Brita no le dio tiempo a preguntarle nada. Po se había ido volando por el
mirador raudo como una flecha.
Se
encogió de hombros y echó una mirada a su alrededor. Su cama tenía un dosel
dorado con motivos alegóricos sobre dragones, brujas, batallas… Salió al
mirador y divisó un paisaje castellano. Recordó todo lo que había oído, ¿por
qué las flores han dicho que yo he vuelto? si es la primera vez que estoy en
este lugar. ¿Y qué profecía es esa en la que no es seguro que yo gane? Bah, a
veces me olvido de que sigo soñando.
Quería
inspeccionar el castillo así que salió de la habitación y bajó por una escalera
de caracol, cruzó por varias galerías subterráneas y pasadizos hasta llegar a
unas mazmorras. Estaba horrorizada. Allí encontró varios instrumentos de
tortura: una especie de ataúd con muchos pinchos en su interior, un potro de
tortura… Parecía que el espíritu de Torquemada, primer inquisidor de España,
estaba allí, escrutándola. Ella dio unos pasos hacia atrás, apoyó su cuerpo en
una de las esquinas del recinto, la piedra cedió y se vio empujada a otra
estancia oscura, en la que solo una luz iluminaba un atril. Conocía muy bien
aquella sala, tantas veces soñada por ella. Se aproximó, el gran libro estaba
abierto por la mitad y en sus páginas leyó:
(1) Vincit omnia veritas.
Sanitas enim venient in manu,
et salus de corde exeunt
Vaya,
tendré que refrescar el latín, sé que la clave está en estas frases.
Ya
se marchaba cuando descubrió, en una hornacina, un gran palo de madera con una
inscripción: “Internum morten” (muerte interna).
—
Interesante, ¿verdad? — Brita se giró al oír su voz — Latonila la observaba sin
expresar ninguna emoción.
—
¿Por qué no te quitas esa especie de máscara? Sé que puedes verme, pero yo a
ti, no.
— Créeme es mejor así por el momento, no te
gustaría comprobarlo. Aunque he de reconocer que las dos estamos dotadas de
armas y fuerza. Ten paciencia. Nos enfrentaremos hasta que quede una en pie.
—
Yo no te he hecho nada, no comprendo tu odio hacia mí.
—
La respuesta la tienes dentro del castillo. Busca, indaga por ti misma. Te doy
tres días para averiguarlo. Pero aún no has contestado a mi pregunta ¿qué te
parecen las incógnitas? Interesantes como
tú has dicho y un reto para mí.
A
Brita ya no le importaba si estaba sumergida en el sueño o en la realidad.
Anhelaba saber la verdad, ¿por qué una bruja, al parecer inmortal, deseaba con
tanto ahínco su muerte?
—
Te dejo pues, el tiempo corre en tu contra — rió la bruja.
Esperaba
no despertarme. Necesitaba saber el vínculo que me unía a ella y sobre todo
hablar con Po para aclarar algunas cosas.
Brita
retornó de nuevo a su habitación. Allí estaba Po aguardándola, quería
comunicarle que Latonila le había exigido que la acompañaba por la noche fuera
del castillo. Él no quería, pero sabía que lo transformaría en dragón negro y
que haría lo que ella quisiera.
—
Vamos a ver, dices que soy una princesa y que solo yo puedo salvarte, pero lo
cierto es, que la bruja tiene mucho poder. Te ha convertido en dragón y puede
anular tu voluntad cuando quiera. No sé qué puedo hacer yo, la verdad.
—
Yo confío en ti. Me ha sido revelado de
forma ancestral — dijo convencido Po.
—
Espera, ¿y no será que a Latonila le importo yo y te ha utilizado para llegar
hasta mi? No sabes la rabia que me tiene.
—
Tendrás que averiguarlo. Ahora lo importante es que te encierres en la habitación
y no salgas.
Al
oír plof, plof, miré por el ojo de la cerradura de la puerta. Po iba con la
bruja, y entonces, me fijé en algo que me había pasado por alto, tenía una
escama roja a la altura del corazón.
Pese
a la recomendación de Po, a hurtadillas les seguí. Mientras Po vigilaba,
Latonila entró en el barrio judío y de allí salió con un estuche en la mano.
Unas criaturas de la noche emitían sonidos infernales. Po se giraba de vez en
cuando, creo que notaba mi presencia, pero yo iba vestida toda de negro y me
camuflé en la oscuridad.
Una
vez en el castillo continué con mis pesquisas. Me introduje en un laberinto de
pasadizos oscuros, con olor a humedad, cuyo silencio pesaba como el plomo.
Sabía que había resortes ocultos que me conducirían a otros obstáculos, en los
cuales hallaría pistas para seguir indagando, por ello, iba palpando las
paredes con minuciosidad. De esta forma, encontré una sala pequeña. Con
infinidad de huecos en las paredes y en cada uno había un pergamino. Extendí la
mano maquinalmente y uno de ellos voló hacia mí. ¡Sorpresa! se titulaba:
“Draconium” lo desplegué en una mesa de cedro que se encontraba arrinconada.
Era un jeroglífico. Hubo un tiempo en que el lugar estaba plagado de dragones.
Todos obedecían y guardaban a su princesa Britania, una bruja con mucho poder
que los salvaba de todo mal. Pero un día desapareció.
Brita
se sorprendió, la bruja en cuestión se parecía a ella. Siguió desenrollando el
pergamino, otra bruja semejante a Latonila, con gran poder, tenía la facultad
de transformar a los humanos en dragones
y matarlos si no cumplían su voluntad. De esta manera acrecentaba su poder,
pero también necesitaba matar a Britania.
El
bien y el mal estaban desequilibrados, solo la vuelta de Britania podía
solucionar el problema. Según la profecía las dos fuerzas eran poderosas, solo
el amor y la audacia de la princesa salvarían los obstáculos y la dejarían como
vencedora.
Según
la bruja las dos tenemos armas para combatir, ella tiene polvos mágicos y el
palo de madera que hay en la hornacina. He descubierto que en su interior hay
una barra de metal forjada en la fragua de Vulcano, y también está relacionada
con Medusa, si no ¿por qué se tapa sus ojos?
La
princesa veía complicado vencerla. Estaba descubriendo la verdad y las
necesidades de los tres. Sin embargo, ¿Cómo salvaría al príncipe?
—Po
entró de improviso en su habitación—. Latonila me ha dado un ultimátum, ya no
me concede más tiempo. Si tu no consigues salvarme ahora, prefiero morir.
—Su
poder es grande, no sé cómo contrarrestarlo y devolverte tu forma humana.
También necesita de mi muerte para acrecentar su poder.
—Debes
estar en guardia, no la pierdas de vista en ningún momento. Y dicho esto se
alejó triste y desanimado.
Era una lucha entre el bien y el mal, debía
restablecer el equilibrio, estaba segura de ello.
La princesa recordó que la bruja le había
dicho que las dos tenían armas poderosas para combatir. El palo pertenecía a
Latonila, además que era experta en polvos mágicos, pero ella ¿qué tenía?
Contra el palo no podía hacer nada.
Latonila
hizo acto de presencia, portaba dos copas, según ella, para sellar una tregua.
Se acercó a la ventana y de espaldas a Brita con disimulo, abrió el resorte del medallón y
depositó en su copa unos polvos mágicos. La princesa vuelta de espaldas, no
perdió detalle de lo que hacía a través de su espejo. Rehusó beber. Latonila
enfurecida se quitó el antifaz. Pero Brita tuvo el reflejo de no mirarla y
dando un giro la inmovilizó por detrás, y le puso el antifaz. De algo tenía que
servirle ser cinturón negro de Aikido y huyó en socorro de busca de Po. Al
llegar al salón del trono lo vio echado en el suelo con el palo de madera
clavado cerca del corazón, se moría lentamente con la forma de dragón. Acarició
la herida mortal de su querido dragón. La sangre de Po bañaba la mano de Brita.
Cinco escamas de dragón, aparecieron en las yemas de sus dedos, se iluminaron
como un racimo de luz de gran intensidad y como un chorro de energía, penetró en
la herida. Al hacerlo, el palo de madera se extrajo por sí mismo y se adhirió al techo, y Po quedó restablecido
en el acto.
Ahora
comprendía aquellas frases enigmáticas en latín.
Latonila
llegó con sigilo al salón del trono, se había desembarazado del antifaz. Brita
de espaldas a ella sonreía al dragón. ¡Cuidado princesa! – farfulló Po, preso
del pánico-. A él no le afectaba la mirada de la bruja.
Brita
con una mano se tapó los ojos y con la otra, extendió la palma y dirigió la luz
de sus escamas a la cara de Latonila. Quedó convertida en polvo cósmico,
esfumándose en humo fétido por la ventana.
Por
fin, estoy despierta, qué real me ha parecido el sueño. Me encontraba en la
Edad Media, creo que en el castillo de la Mota, por lo menos se parecía. Fijó su
mirada en la carta que había en la mesita y leyó:
“Querida
princesa, aún sigo siendo dragón. En mi transformación humana falta un
requisito esencial, ya sabes, el beso. Si antes de tres horas no vienes,
quedaré como dragón para siempre y el mundo de la fantasía se hundirá en el
olvido más absoluto.
Tuyo,
Po”
Contemplé
mi mano derecha, no podía creerlo, mi misión continuaba, pero eso sería en otro
sueño, ¿no?
(1)
La
verdad lo conquista todo.
La sanación vendrá
por la mano
y la salvación
vendrá del corazón
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