lunes, 1 de febrero de 2016

¿SUEÑO?   ¿REALIDAD?

Quería aclarar mis ideas y reflexionar sobre lo que me sucedía últimamente. Por esta razón, decidí irme sola a la casa solariega de mi abuelo. Mas una vez allí, continuaba intranquila. Y no es que tuviera miedo a la soledad del campo ni por estar aislada de todo contacto humano, no. Tenía esa vaga y extraña sensación de que algo iba a suceder de forma inminente. Desde hacía varias semanas volvía a tener el mismo sueño de mi infancia, no podría catalogarse de pesadilla, pero sí, de misterio, con escenas desconcertantes en las que tomaba decisiones que afectaban a otros. Me veo en un recinto tenebroso, delante de un atril en el cual reposa un gran libro, lo abro y leo con avidez buscando no sé qué cosa. Mis ropas pertenecen a la Edad Media.
Me he despertado bañada en sudor, extenuada, el sueño parecía muy real. Plof, plof, se oye en el desván. Abro los ojos, tal vez aún no me he despertado del todo y sigo en mi sueño. Pero esta vez el lugar es diferente, estoy en mi habitación. Observo el despertador fluorescente en la mesita de noche. Son las tres de la madrugada. Las cortinas están echadas para propiciar mi descanso. Todo parece estar en su sitio, pero continúa el ruido ensordecedor en el desván. Me levanto, me echo la bata por  encima de los hombros y me precipito por las escaleras. ¡Ay, ay, me duele! esto es real, menuda caída. Llego dolorida, abro la puerta y …¡el techo ha desaparecido! En el centro de la estancia hay un enorme dragón verde alado que me mira y sonríe como deben sonreír los dragones amistosos.
—Hola, princesa Brita, soy Po. Necesito de tu ayuda, Latonila, la bruja, me ha transformado en esto que ves, y solo tú puedes conseguir que vuelva a mi forma humana. Has de saber que  soy un príncipe.
—Ya, y ahora te doy un beso y se rompe el hechizo, ¿no? Regresaré a mi habitación, no tardaré en despertarme.
Po avanzó hacia ella. En su mirada Brita creyó ver un reflejo humano, y su actitud suplicante acabó de convencerla. ¿Por qué no seguir sumida en el sueño? Salvaré al dragón cueste lo que cueste, solo espero no despertarme antes de lograrlo.
Po le dijo que en la tierra había puntos mágicos y, que al ser localizados, tenían la facultad de transportarte al pasado.
En la parte de atrás de la casa había un riachuelo. Po metió la mano en el agua, tanteó las piedras y al localizar la adecuada, la giró una vuelta completa. El agua se secó, se abrió una abertura en la tierra por la cual penetraron y al llegar al otro lado, Po hizo la misma operación para que todo quedase igual a ambos lados.
Po la previno, en ocasiones cambiaba de color, cuando fuera negro debía alejarse de él, pues sería demoníaco y estaría por completo al servicio de Latonila. Tampoco debía salir por la noche del castillo, pues la ciudad se convertía en tóxica.
Iban caminando en dirección al castillo y Brita oía a las flores: “ha vuelto, ha vuelto, la profecía se cumplirá” y aplaudían chocando sus hojas, pero los colibríes repetían: “o morirá o morirá, la bruja ha esperado siete siglos para matarla”.
Brita cada vez estaba más perpleja. Nunca había tenido un sueño tan enigmático y atrayente. Allí iba ella al lado de un dragón que le gustaba cada vez más y del que era correspondida.
Todo a su alrededor tenía viveza, vibraba. Todos la esperaban con impaciencia a la vez que sentían temor de que le ocurriese algo malo.
Brita pensaba que podía hacer frente a cualquier circunstancia, era cinturón negro segundo dam de Aikido. Se encontraba preparada, además, ya iba siendo hora de que una princesa salvara, para variar, a un príncipe en apuros. Po interrumpió su perorata mental.
— Ya estamos llegando al castillo de la Mota.
—  ¿Estamos en Medina del Campo? ¿En qué siglo?
— Sí. Siglo XIV.
— No puede ser. He estudiado Historia y no salen ni dragones, ni brujas, ni…
— Po no la dejó acabar la frase. Vivimos en un mundo paralelo al vuestro donde todo puede suceder.
Una mujer joven observaba a Brita desde la Torre del Homenaje. Iba vestida toda de azul, de sus hombros le salía una capa ribeteada de armiño que le caía hasta los pies, dándole un aspecto majestuoso. Llamaba la atención el antifaz que le tapaba los ojos por completo. Tenía crispadas las manos sobre una de las almenas, no podía ocultar su furor.
Al cruzar el puente levadizo y atravesar la puerta, un escalofrío invadió a Brita. El interior del castillo le produjo cierta aprensión. Po le asignó una habitación espaciosa, con un mirador excelente. Al despedirse le apretó las manos en un intento de infundirle valor y le dijo:
—  Tienes libertad para visitar cualquier estancia del castillo. Latonila cuando lo crea oportuno, se pondrá en contacto contigo. Ah, no la mires directamente a los ojos si ves que se quita el antifaz.
A Brita no le dio tiempo a preguntarle nada. Po se había ido volando por el mirador raudo como una flecha.
Se encogió de hombros y echó una mirada a su alrededor. Su cama tenía un dosel dorado con motivos alegóricos sobre dragones, brujas, batallas… Salió al mirador y divisó un paisaje castellano. Recordó todo lo que había oído, ¿por qué las flores han dicho que yo he vuelto? si es la primera vez que estoy en este lugar. ¿Y qué profecía es esa en la que no es seguro que yo gane? Bah, a veces me olvido de que sigo soñando.
Quería inspeccionar el castillo así que salió de la habitación y bajó por una escalera de caracol, cruzó por varias galerías subterráneas y pasadizos hasta llegar a unas mazmorras. Estaba horrorizada. Allí encontró varios instrumentos de tortura: una especie de ataúd con muchos pinchos en su interior, un potro de tortura… Parecía que el espíritu de Torquemada, primer inquisidor de España, estaba allí, escrutándola. Ella dio unos pasos hacia atrás, apoyó su cuerpo en una de las esquinas del recinto, la piedra cedió y se vio empujada a otra estancia oscura, en la que solo una luz iluminaba un atril. Conocía muy bien aquella sala, tantas veces soñada por ella. Se aproximó, el gran libro estaba abierto por la mitad y en sus páginas leyó:
(1) Vincit omnia veritas.
Sanitas enim venient in manu,
et salus de corde exeunt
Vaya, tendré que refrescar el latín, sé que la clave está en estas frases.
Ya se marchaba cuando descubrió, en una hornacina, un gran palo de madera con una inscripción: “Internum morten” (muerte interna).
— Interesante, ¿verdad? — Brita se giró al oír su voz — Latonila la observaba sin expresar ninguna emoción.
— ¿Por qué no te quitas esa especie de máscara? Sé que puedes verme, pero yo a ti, no.
—  Créeme es mejor así por el momento, no te gustaría comprobarlo. Aunque he de reconocer que las dos estamos dotadas de armas y fuerza. Ten paciencia. Nos enfrentaremos hasta que quede una en pie.
— Yo no te he hecho nada, no comprendo tu odio hacia mí.
— La respuesta la tienes dentro del castillo. Busca, indaga por ti misma. Te doy tres días para averiguarlo. Pero aún no has contestado a mi pregunta ¿qué te parecen las incógnitas? Interesantes como tú has dicho y un reto para mí.
A Brita ya no le importaba si estaba sumergida en el sueño o en la realidad. Anhelaba saber la verdad, ¿por qué una bruja, al parecer inmortal, deseaba con tanto ahínco su muerte?
— Te dejo pues, el tiempo corre en tu contra — rió la bruja.
Esperaba no despertarme. Necesitaba saber el vínculo que me unía a ella y sobre todo hablar con Po para aclarar algunas cosas.
Brita retornó de nuevo a su habitación. Allí estaba Po aguardándola, quería comunicarle que Latonila le había exigido que la acompañaba por la noche fuera del castillo. Él no quería, pero sabía que lo transformaría en dragón negro y que haría lo que ella quisiera.
— Vamos a ver, dices que soy una princesa y que solo yo puedo salvarte, pero lo cierto es, que la bruja tiene mucho poder. Te ha convertido en dragón y puede anular tu voluntad cuando quiera. No sé qué puedo hacer yo, la verdad.
— Yo confío en ti. Me ha sido  revelado de forma ancestral — dijo convencido Po.
— Espera, ¿y no será que a Latonila le importo yo y te ha utilizado para llegar hasta mi? No sabes la rabia que me tiene.
— Tendrás que averiguarlo. Ahora lo importante es que te encierres en la habitación y no salgas.
Al oír plof, plof, miré por el ojo de la cerradura de la puerta. Po iba con la bruja, y entonces, me fijé en algo que me había pasado por alto, tenía una escama roja a la altura del corazón.
Pese a la recomendación de Po, a hurtadillas les seguí. Mientras Po vigilaba, Latonila entró en el barrio judío y de allí salió con un estuche en la mano. Unas criaturas de la noche emitían sonidos infernales. Po se giraba de vez en cuando, creo que notaba mi presencia, pero yo iba vestida toda de negro y me camuflé en la oscuridad.
Una vez en el castillo continué con mis pesquisas. Me introduje en un laberinto de pasadizos oscuros, con olor a humedad, cuyo silencio pesaba como el plomo. Sabía que había resortes ocultos que me conducirían a otros obstáculos, en los cuales hallaría pistas para seguir indagando, por ello, iba palpando las paredes con minuciosidad. De esta forma, encontré una sala pequeña. Con infinidad de huecos en las paredes y en cada uno había un pergamino. Extendí la mano maquinalmente y uno de ellos voló hacia mí. ¡Sorpresa! se titulaba: “Draconium” lo desplegué en una mesa de cedro que se encontraba arrinconada. Era un jeroglífico. Hubo un tiempo en que el lugar estaba plagado de dragones. Todos obedecían y guardaban a su princesa Britania, una bruja con mucho poder que los salvaba de todo mal. Pero un día desapareció.
Brita se sorprendió, la bruja en cuestión se parecía a ella. Siguió desenrollando el pergamino, otra bruja semejante a Latonila, con gran poder, tenía la facultad de transformar a  los humanos en dragones y matarlos si no cumplían su voluntad. De esta manera acrecentaba su poder, pero también necesitaba matar a Britania.
El bien y el mal estaban desequilibrados, solo la vuelta de Britania podía solucionar el problema. Según la profecía las dos fuerzas eran poderosas, solo el amor y la audacia de la princesa salvarían los obstáculos y la dejarían como vencedora.
Según la bruja las dos tenemos armas para combatir, ella tiene polvos mágicos y el palo de madera que hay en la hornacina. He descubierto que en su interior hay una barra de metal forjada en la fragua de Vulcano, y también está relacionada con Medusa, si no ¿por qué se tapa sus ojos?
La princesa veía complicado vencerla. Estaba descubriendo la verdad y las necesidades de los tres. Sin embargo, ¿Cómo salvaría al príncipe?
—Po entró de improviso en su habitación—. Latonila me ha dado un ultimátum, ya no me concede más tiempo. Si tu no consigues salvarme ahora, prefiero morir.
—Su poder es grande, no sé cómo contrarrestarlo y devolverte tu forma humana. También necesita de mi muerte para acrecentar su poder.
—Debes estar en guardia, no la pierdas de vista en ningún momento. Y dicho esto se alejó triste y desanimado.
Era  una lucha entre el bien y el mal, debía restablecer el equilibrio, estaba segura de ello.
 La princesa recordó que la bruja le había dicho que las dos tenían armas poderosas para combatir. El palo pertenecía a Latonila, además que era experta en polvos mágicos, pero ella ¿qué tenía? Contra el palo no podía hacer nada.
Latonila hizo acto de presencia, portaba dos copas, según ella, para sellar una tregua. Se acercó a la ventana y de espaldas a Brita con  disimulo, abrió el resorte del medallón y depositó en su copa unos polvos mágicos. La princesa vuelta de espaldas, no perdió detalle de lo que hacía a través de su espejo. Rehusó beber. Latonila enfurecida se quitó el antifaz. Pero Brita tuvo el reflejo de no mirarla y dando un giro la inmovilizó por detrás, y le puso el antifaz. De algo tenía que servirle ser cinturón negro de Aikido y huyó en socorro de busca de Po. Al llegar al salón del trono lo vio echado en el suelo con el palo de madera clavado cerca del corazón, se moría lentamente con la forma de dragón. Acarició la herida mortal de su querido dragón. La sangre de Po bañaba la mano de Brita. Cinco escamas de dragón, aparecieron en las yemas de sus dedos, se iluminaron como un racimo de luz de gran intensidad y como un chorro de energía, penetró en la herida. Al hacerlo, el palo de madera se extrajo por sí mismo  y se adhirió al techo, y Po quedó restablecido en el acto.
Ahora comprendía aquellas frases enigmáticas en latín.
Latonila llegó con sigilo al salón del trono, se había desembarazado del antifaz. Brita de espaldas a ella sonreía al dragón. ¡Cuidado princesa! – farfulló Po, preso del pánico-. A él no le afectaba la mirada de la bruja.
Brita con una mano se tapó los ojos y con la otra, extendió la palma y dirigió la luz de sus escamas a la cara de Latonila. Quedó convertida en polvo cósmico, esfumándose en humo fétido por la ventana.
Por fin, estoy despierta, qué real me ha parecido el sueño. Me encontraba en la Edad Media, creo que en el castillo de la Mota, por lo menos se parecía. Fijó su mirada en la carta que había en la mesita y leyó:
“Querida princesa, aún sigo siendo dragón. En mi transformación humana falta un requisito esencial, ya sabes, el beso. Si antes de tres horas no vienes, quedaré como dragón para siempre y el mundo de la fantasía se hundirá en el olvido más absoluto.
Tuyo, Po”
Contemplé mi mano derecha, no podía creerlo, mi misión continuaba, pero eso sería en otro sueño, ¿no?
(1)   La verdad lo conquista todo.
La sanación vendrá por la mano
y la salvación vendrá del corazón



          


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