lunes, 1 de febrero de 2016

                   CONVERSACIÓN EN UNA CAFETERÍA

                                           Primera Parte

        Estaba muy nerviosa. Siempre llegas tarde, ¿cuándo vas a ser puntual?

        Iaia perdona, me he encontrado a Mari Vi, ¿te acuerdas? La compañera de instituto. Te hablé mucho de ella. Es mi mejor amiga. Hacía mucho tiempo que no la veía.

        Siempre con excusas. Me haces venir aquí, para comentarme algo muy  importante, y la verdad, me tienes en ascuas.

¡Señor, señor! Qué tendrás que decirme… no me lo puedes contar en tu casa o en la mía.

¡Ay, Cora, Cora! Tú dirás, me tienes intrigada.

        Iaia, quería verte a solas, por eso te cité aquí, no quiero que nadie de la familia se entere.
¿Te acuerdas de Said, el chico marroquí? Sí, iaia, te lo presenté hace tiempo. Lo conocí en Bolonia, cuando estudiaba de Erasmus. Nos enamoramos y cuando acabó el curso, Said se fue a Suiza. Quedamos en vernos cuando pudiéramos, pero por circunstancias de la vida, ya no lo vi, dejó de llamarme por teléfono, y al final todo se enfrío.
        ¡Vaya Cora, qué final tuviste, hija!

        No, iaia, hace siete meses nos encontramos en Valencia por casualidad en unos grandes almacenes. ¡Qué alegría al vernos! No te lo puedes imaginar. Hemos vuelto a retomar nuestra relación, y desde entonces nos hemos seguido viendo.

        ¿Estarás contenta, no? ¡Y para esto me haces venir aquí! ¿Pasa algo más, verdad?  ¿Por qué tanto secretismo?, me escama.

        Sí, iaia. Estoy embarazada de dos meses, no se lo he dicho a nadie. Sabes que     siempre me has comprendido y ayudado. Quiero que me aconsejes, ¿qué debo     hacer?

        ¿Said lo sabe?

        Claro qué sí.

        ¿Y él que dice?

        Que sigamos adelante.

        Pues, entonces ya te ha contestado él.

        Sí, iaia, pero me tienes que ayudar a contárselo a mis padres, ya sabes lo       cuadriculados que son.

        Por eso no te preocupes. Te ayudaré.

        ¿Cómo lo vamos a decir, iaia?

        Llamaré por teléfono a tus padres para que vengan a mi casa el domingo a comer. Tú ven con Said, es importante que esté él. Ten en cuenta que le querrán hacer preguntas sobre vuestro futuro.

        Sí, iaia, vendré con él. Nosotros ya sabemos lo que vamos  hacer. Nos iremos a Colonia, su tío tiene una empresa de reciclaje. Said acabó industriales y se va a colocar allí de ingeniero, y cuando el bebé sea más grande, me gustaría dar clases de español allí.

        Ya veo que lo tienes claro.

        Sí, pero lo más complicado es cómo lo vamos a decir.

        ¿No te lo he dicho?, no te preocupes, ya me encargo yo.

        Tu madre también se quedó embarazada y tuve que acogerlos en mi casa, hasta que pudieron salir adelante. Después se compraron un piso y se establecieron por su cuenta.
Siempre los comienzos son difíciles, pero poco a poco se solucionan.

        Gracias, iaia. Qué haría yo sin ti.
 
                                             
                                                Segunda Parte

TEXTO NARRATIVO

Era una tarde desapacible de mucho viento. Se veía poca gente por la calle. Yo estaba  en una cafetería tomando un café con leche. Había una ventana cerca de mí, me  entretenía mirar por ella. El local no era muy grande, las mesas estaban dispuestas muy cerca unas de otras, no había intimidad por la proximidad.
De pronto entró una señora de unos setenta años, con el pelo grisáceo muy bien arreglada y conjuntada. Su semblante era de intranquilidad. Se sentó muy cerca de mi mesa, no paraba de mirar el reloj, parecía estar esperando a alguien. Al cabo de media hora, entró una chica joven, se acercó a ella, la saludó, y se sentó a su lado.
Aunque no quería oír la conversación era inevitable. Me enteré de su parentesco, eran abuela y nieta.
Al principio la señora la amonestaba por su tardanza y citación.
La joven nerviosa le daba excusas. Le contó que había encontrado a una antigua compañera. La mujer hacía muecas de no creérselo, quería saber el motivo de la reunión.
La nieta un poco temblorosa le insistía que la ayudara, siempre lo había hecho.
Reconozco que empezaba a ponerme curioso. La conversación estaba tomando unos derroteros de intriga apasionante.
La abuela le contestaba que no se preocupara de nada.
Noté a la joven más tranquila con una respiración más pausada.
La chica continuó diciéndole que estaba enamorada de un chico marroquí desde hacía años. Su abuela asintió con la cabeza. A continuación añadió que estaba embarazada de él. Ambos se querían mucho y tenían un proyecto de futuro.
La señora la abrazó y le dijo que no se preocupara.
En ese instante vino el camarero, las dos pidieron los mismo, dos cortados descafeinados.
La joven le cogió la mano a su abuela y añadió:
        ¡Qué sería de mí sin ti!
Me tocó mi fibra sensible, me acordaba de mis abuelos, siempre estuvieron a mi lado y me ayudaron mucho.
Prosiguió la señora diciéndole que invitaría a sus padres el domingo a comer a su casa, y también que viniera el chico. Al final todo se arreglaría. Los comienzos siempre eran difíciles.
La nieta le contaba que su novio trabajaría en Colonia en la empresa de su tío, y ella daría clases de español en un instituto cuando el bebé se lo permitiera.
La verdad, me emocioné cuando las dos se abrazaron. Las vi muy contentas. Se levantaron de la mesa para salir. Yo me incorporé para que pudieran hacerlo.
La señora me dijo: – Gracias, muy amable.
Miré el reloj, aún eran las 20:00 h., me acordé que había quedado con Mila para ir al cine y era un poco tarde, pensé: – Le enviaré un whatsapp –  Cuando la vea le contaré
la conversación tan apasionante y emotiva que he escuchado.
Y ahora que hago yo. Se ha puesto a llover y no tengo paraguas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario