CONVERSACIÓN EN UNA
CAFETERÍA
Primera Parte
–
Estaba muy nerviosa. Siempre llegas
tarde, ¿cuándo vas a ser puntual?
–
Iaia perdona, me he encontrado a Mari
Vi, ¿te acuerdas? La compañera de instituto. Te hablé mucho de ella. Es mi
mejor amiga. Hacía mucho tiempo que no la veía.
–
Siempre con excusas. Me haces venir aquí,
para comentarme algo muy importante, y
la verdad, me tienes en ascuas.
¡Señor, señor! Qué tendrás que decirme…
no me lo puedes contar en tu casa o en la mía.
¡Ay, Cora, Cora! Tú dirás, me tienes
intrigada.
–
Iaia, quería verte a solas, por eso te
cité aquí, no quiero que nadie de la familia se entere.
¿Te
acuerdas de Said, el chico marroquí? Sí, iaia, te lo presenté hace tiempo. Lo conocí
en Bolonia, cuando estudiaba de Erasmus. Nos enamoramos y cuando acabó el
curso, Said se fue a Suiza. Quedamos en vernos cuando pudiéramos, pero por circunstancias
de la vida, ya no lo vi, dejó de llamarme por teléfono, y al final todo se enfrío.
–
¡Vaya Cora, qué final tuviste, hija!
–
No, iaia, hace siete meses nos
encontramos en Valencia por casualidad en unos grandes almacenes. ¡Qué alegría
al vernos! No te lo puedes imaginar. Hemos vuelto a retomar nuestra relación, y
desde entonces nos hemos seguido viendo.
–
¿Estarás contenta, no? ¡Y para esto me
haces venir aquí! ¿Pasa algo más, verdad?
¿Por qué tanto secretismo?, me escama.
–
Sí, iaia. Estoy embarazada de dos meses,
no se lo he dicho a nadie. Sabes que siempre
me has comprendido y ayudado. Quiero que me aconsejes, ¿qué debo hacer?
–
¿Said lo sabe?
–
Claro qué sí.
–
¿Y él que dice?
–
Que sigamos adelante.
–
Pues, entonces ya te ha contestado él.
–
Sí, iaia, pero me tienes que ayudar a
contárselo a mis padres, ya sabes lo cuadriculados que son.
–
Por eso no te preocupes. Te ayudaré.
–
¿Cómo lo vamos a decir, iaia?
–
Llamaré por teléfono a tus padres para
que vengan a mi casa el domingo a comer. Tú ven con Said, es importante que
esté él. Ten en cuenta que le querrán hacer preguntas sobre vuestro futuro.
–
Sí, iaia, vendré con él. Nosotros ya
sabemos lo que vamos hacer. Nos iremos a
Colonia, su tío tiene una empresa de reciclaje. Said acabó industriales y se va
a colocar allí de ingeniero, y cuando el bebé sea más grande, me gustaría dar clases
de español allí.
–
Ya veo que lo tienes claro.
–
Sí, pero lo más complicado es cómo lo
vamos a decir.
–
¿No te lo he dicho?, no te preocupes, ya
me encargo yo.
–
Tu madre también se quedó embarazada y
tuve que acogerlos en mi casa, hasta que pudieron salir adelante. Después se
compraron un piso y se establecieron por su cuenta.
Siempre los comienzos son difíciles,
pero poco a poco se solucionan.
–
Gracias, iaia. Qué haría yo sin ti.
Segunda Parte
TEXTO NARRATIVO
Era una tarde
desapacible de mucho viento. Se veía poca gente por la calle. Yo estaba en una cafetería tomando un café con leche.
Había una ventana cerca de mí, me entretenía
mirar por ella. El local no era muy grande, las mesas estaban dispuestas muy cerca
unas de otras, no había intimidad por la proximidad.
De pronto entró una
señora de unos setenta años, con el pelo grisáceo muy bien arreglada y
conjuntada. Su semblante era de intranquilidad. Se sentó muy cerca de mi mesa,
no paraba de mirar el reloj, parecía estar esperando a alguien. Al cabo de
media hora, entró una chica joven, se acercó a ella, la saludó, y se sentó a su
lado.
Aunque no quería oír la
conversación era inevitable. Me enteré de su parentesco, eran abuela y nieta.
Al principio la señora
la amonestaba por su tardanza y citación.
La joven nerviosa le
daba excusas. Le contó que había encontrado a una antigua compañera. La mujer
hacía muecas de no creérselo, quería saber el motivo de la reunión.
La nieta un poco
temblorosa le insistía que la ayudara, siempre lo había hecho.
Reconozco que empezaba
a ponerme curioso. La conversación estaba tomando unos derroteros de intriga
apasionante.
La abuela le contestaba
que no se preocupara de nada.
Noté a la joven más
tranquila con una respiración más pausada.
La chica continuó
diciéndole que estaba enamorada de un chico marroquí desde hacía años. Su
abuela asintió con la cabeza. A continuación añadió que estaba embarazada de él.
Ambos se querían mucho y tenían un proyecto de futuro.
La señora la abrazó y
le dijo que no se preocupara.
En ese instante vino el
camarero, las dos pidieron los mismo, dos cortados descafeinados.
La joven le cogió la
mano a su abuela y añadió:
–
¡Qué sería de mí sin ti!
Me
tocó mi fibra sensible, me acordaba de mis abuelos, siempre estuvieron a mi
lado y me ayudaron mucho.
Prosiguió
la señora diciéndole que invitaría a sus padres el domingo a comer a su casa, y
también que viniera el chico. Al final todo se arreglaría. Los comienzos
siempre eran difíciles.
La
nieta le contaba que su novio trabajaría en Colonia en la empresa de su tío, y
ella daría clases de español en un instituto cuando el bebé se lo permitiera.
La
verdad, me emocioné cuando las dos se abrazaron. Las vi muy contentas. Se levantaron
de la mesa para salir. Yo me incorporé para que pudieran hacerlo.
La
señora me dijo: – Gracias, muy amable.
Miré
el reloj, aún eran las 20:00 h., me acordé que había quedado con Mila para ir
al cine y era un poco tarde, pensé: – Le enviaré un whatsapp – Cuando la vea le contaré
la
conversación tan apasionante y emotiva que he escuchado.
Y
ahora que hago yo. Se ha puesto a llover y no tengo paraguas.
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