Retrato de una comunidad de vecinos como alegoría de la incomunicación.
Nadie sabe que el
joven de la eterna sonrisa es un indigente que vive en la azotea; todos
desconocen que la vecina del cuarto vive encerrada en su jaula mental; los del
segundo piso son considerados unos ocupas, pero nada más alejado de la realidad…
Por ahora estoy trabajando en la historia del indigente. Un joven fotógrafo
que se traslada a Barcelona para trabajar en un periódico. Es un personaje optimista y lleno de vitalidad.
Se concentra en lo que tiene (un trabajo, salud, capacidad de amar, curiosidad…)
y no en lo que carece (un sueldo, un techo…). Conseguirá ser feliz. Lee libros
de la biblioteca, corre por los parques, asiste a la universidad como oyente, utiliza los bonos de comida que le proporciona
el periódico para alimentarse, se ducha en un gimnasio y guarda sus escasas
pertenencias en una taquilla.
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