jueves, 11 de febrero de 2016

Proyecto: El Dios oculto.
Personaje: Robert, profesor de universidad.
Trama: Pretendo desarrollar una idea que describe lo poco que sabemos de nosotros, a pesar, de lo avanzada que creemos a nuestra generación. Igual debieron pensar aquellos antepasados al descubrir que el cielo no era cosa de dioses, que lo sabían casi todo.

Los responsables del Instituto Tecnológico de California, se vieron en la necesidad de suplir al profesor responsable del departamento de Energía Nuclear, en el área de Micro-Tecnología, por la falta de asistencia reiterada a las clases, al profesor, Robert Borianov.
Era este, un gran profesional, había trabajado como científico en la N.A.S.A., durante dos años, también como desarrollador de procesos de dopado en Microcontroladores de nueva generación; era ejemplar, responsable y  eficaz como educador. Los alumnos de Ingeniería Nuclear, que asistían a sus clases, se sentían muy compenetrados con él, y con los grupos de trabajo que había creado, con el fin de analizar e investigar, con un mínimo de medios materiales, lo más profundo de la asignatura y del universo.
En las conversaciones con sus compañeros, entre clases, apasionaba escucharle por su gran sagacidad e inteligencia deductiva: había una correlación, decía, entre lo más grande y lo minúsculo y llegaba a desarrollar teorías inverosímiles, con una profundidad apabullante y contagiosa, achacaba a la falta de capacidad de la razón, como la responsable de las grandes incógnitas.
 Los compañeros y amigos, que a diario se reunían en el comedor de la Universidad,  no entendían lo que estaba sucediendo, sus faltas seguidas sin ningún justificante. Estaban convencidos que había una causa muy importante para que no asistiera a sus clases, que eran una parte, quizá, la más importante de su vida, como había manifestado en multitud de ocasiones. Tres días consecutivos de falta sin justificar, podría provocar su despido. Imaginaron diferentes supuestos. Había dejado de publicar en su blog de Internet, la última actualización la había realizado 30 días atrás y, por la noticia que había publicado, no había ni indicios del motivo de sus ausencias; tampoco respondía al teléfono; la compañía avisaba que el celular al que llamaban estaba desconectado o fuera de cobertura.


Decidieron ir a visitarle, ante la posibilidad que le hubiese ocurrido algo imprevisible.
Así que se presentaron en su casa. Nadie respondía y comprobaron con una tremenda confusión, que la puerta de su apartamento estaba entreabierta, y  el desorden, por lo que podían ver desde la entrada, era preocupante: ropa por el suelo tirada, los zapatos y la chaqueta mal dejados. Les temblaban las piernas, imaginaban lo peor. Decidieron entrar. Al principio, una habitación pequeña, a especie de despacho y recibidor con una bandeja con unas tazas de té sucias y unas galletas sobre la mesa pequeña.  Un largo pasillo conducía hasta la parte más alejada de la casa, Dos habitaciones y un salón.
En la primera habitación estaba Robert tumbado y tapado con una manta. Se le observaba respirar tranquilo. Nada les hacía temer por su vida, así que decidieron recorrer el resto de la vivienda.
No daban crédito a la imagen que vieron en el comedor. Quedaron paralizados, como si un latigazo hubiese provocado un chasquido. Una gran sala, con restos de comida y de envases de botellas de agua mineral vacías por todas partes, el ordenador conectado con la pantalla apagada y una gran pizarra completamente rayada con fórmulas matemáticas y dibujos del universo, también de la tierra y la luna.


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