Proyecto:
El Dios oculto.
Personaje: Robert,
profesor de universidad.
Trama: Pretendo
desarrollar una idea que describe lo poco que sabemos de nosotros, a pesar, de
lo avanzada que creemos a nuestra generación. Igual debieron pensar aquellos antepasados
al descubrir que el cielo no era cosa de dioses, que lo sabían casi todo.
Los
responsables del Instituto Tecnológico de California, se vieron en la necesidad
de suplir al profesor responsable del departamento de Energía Nuclear, en el
área de Micro-Tecnología, por la falta de asistencia reiterada a las clases, al
profesor, Robert Borianov.
Era
este, un gran profesional, había trabajado como científico en la N.A.S.A., durante dos años, también como desarrollador de procesos de dopado en Microcontroladores
de nueva generación; era ejemplar, responsable y eficaz como educador. Los alumnos de
Ingeniería Nuclear, que asistían a sus clases, se sentían muy compenetrados con
él, y con los grupos de trabajo que había creado, con el fin de analizar e
investigar, con un mínimo de medios materiales, lo más profundo de la
asignatura y del universo.
En
las conversaciones con sus compañeros, entre clases, apasionaba escucharle por
su gran sagacidad e inteligencia deductiva: había una correlación, decía, entre
lo más grande y lo minúsculo y llegaba a desarrollar teorías inverosímiles, con
una profundidad apabullante y contagiosa, achacaba a la falta de capacidad de
la razón, como la responsable de las grandes incógnitas.
Los compañeros y amigos, que a diario se
reunían en el comedor de la Universidad, no entendían lo que estaba sucediendo, sus
faltas seguidas sin ningún justificante. Estaban convencidos que había una
causa muy importante para que no asistiera a sus clases, que eran una parte,
quizá, la más importante de su vida, como había manifestado en multitud de
ocasiones. Tres días consecutivos de falta sin justificar, podría provocar su
despido. Imaginaron diferentes supuestos. Había dejado de publicar en su blog
de Internet, la última actualización la había realizado 30 días atrás y, por la
noticia que había publicado, no había ni indicios del motivo de sus ausencias; tampoco
respondía al teléfono; la compañía avisaba que el celular al que llamaban
estaba desconectado o fuera de cobertura.
Decidieron
ir a visitarle, ante la posibilidad que le hubiese ocurrido algo imprevisible.
Así
que se presentaron en su casa. Nadie respondía y comprobaron con una tremenda
confusión, que la puerta de su apartamento estaba entreabierta, y el desorden, por lo que podían ver desde la
entrada, era preocupante: ropa por el suelo tirada, los zapatos y la chaqueta
mal dejados. Les temblaban las piernas, imaginaban lo peor. Decidieron entrar.
Al principio, una habitación pequeña, a especie de despacho y recibidor con una
bandeja con unas tazas de té sucias y unas galletas sobre la mesa pequeña. Un largo pasillo conducía hasta la parte más
alejada de la casa, Dos habitaciones y un salón.
En
la primera habitación estaba Robert tumbado y tapado con una manta. Se le
observaba respirar tranquilo. Nada les hacía temer por su vida, así que
decidieron recorrer el resto de la vivienda.
No
daban crédito a la imagen que vieron en el comedor. Quedaron paralizados, como
si un latigazo hubiese provocado un chasquido. Una gran sala, con restos de
comida y de envases de botellas de agua mineral vacías por todas partes, el
ordenador conectado con la pantalla apagada y una gran pizarra completamente
rayada con fórmulas matemáticas y dibujos del universo, también de la tierra y
la luna.
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