El trabajo salió bien, y ya está, punto y final. ¿Qué
coño querrá a estas horas? Maldita negra. Ella y sus putos negratas. ¿Un
callejón? ¿De verdad? Esa puta no me la va a jugar. No. No. A mí no. Tranquilo Tommy, llevas el revólver del abuelo, y no sería la primera vez que se carga a
un negro. No te preocupes, estás en la maldita calle Mayor al lado de su puto
bar. No se atreverá. Mira, allí esta, justo al fondo, siempre cerca de sus
gorilas. ¿Sin ellos no te las darías de rompehuevos, verdad? Solo unos esclavos
de mierda se dejarían mandar por esa zorra. Putos monos no me miréis así, yo sí
que soy una persona civilizada.
El niñato ha venido impecable como siempre, uniforme
planchado y placa reluciente. Se acerca como John Wayne caminado por el Oeste. ¿Quieres
intimidarme? Menudo capullo. Repeinado, recién afeitado, como si jamás hubiese
roto un plato ¿Cómo se me ocurrió hacer negocios con él? Oh si, ya me acuerdo,
porque estoy bien jodida. Le debería matar aquí y ahora, aunque eso solo me
cause más problemas.
—Claudette. ¡Qué alegría volver a verte! Ese vestido
rojo te queda fabuloso. Ojala mi mujer se atreviera a llevar algo así.
Tu mujer está demasiado gorda para ponerse algo tan
bonito. ¿Por eso buscas consuelo en la carne oscura de mis chicas? Qué pena
das.
—Buenas noches, sargento Fisher. Creo que debo
felicitarte. Una medalla al honor. Vaya. No se consigue una todos los días.
Si ríete. Yo soy un miembro valioso de esta ciudad. ¿Y
tú, negra? Solo eres una chula a la que nunca le han cruzado la cara en
condiciones. Cuando los espaguetis vengan a rendirte cuentas por la cagada del
barco. Yo seré el que se ría. ¿Qué? ¿De verdad te piensas que no lo sé? El
Mississipi no guarda secretos.
—Que graciosa. ¿Qué coño
quieres?
Que pronto abandonas los
modales. Ahora que tienes el dinero ni te molestas en ser el falso galán que
pretendes ser. Debería hacerte pagar el doble por lo que le haces a Daisy.
— ¿Yo? Nada. Es el senador, el que quiere que le
devolvamos su dinero.
— Creo que no lo he entendido bien…
Puta. Puta. Más que puta. ¿A qué juegas? ¿Quieres
joderme?
— ¡Que la cagaste imbécil¡ ¿Entiendes eso? Cogimos al
tipo equivocado. Y con eso quiero decir que tú pillaste al subnormal equivocado.
¡Me aseguraste que sabias quien era!
—He visto a ese retrasado babeante miles de veces.
Estoy seguro de que era él.
Mierda. Tengo que pensar algo. No puedo tener a un
senador amenazándome y a Lucio estrujándome la soga al cuello. ¿Va de farol?
¿Esta compinchado con mi buen amigo Fisher? No, uno es demasiado cobarde para
apostar su carrera. Y el otro es demasiado idiota para trazar ese plan.
Dios. Esta noche no puede ir a peor. ¿Qué dirías padre
si me vieras aquí? Fue el puto senador el que nos jodió, el que nos arrebató
todo. Tengo que rodearme de esta chusma, padre, es lo que hay que hacer. Es la única
manera de recuperar nuestra fortuna. Sé que lo entenderías. Si quieres algo
tienes que cogerlo. Tú lo me enseñaste.
Es hora de entrar en acción. Sabía que seguir a este canalla
daría sus frutos. Quería creer que no estabas involucrada. ¿Pero hay algo en esta
ciudad que no tenga que ver contigo? Siempre quisiste llegar a lo más alto. ¿Merece
la pena ser en lo que te has convertido? Con lo que podrías haber sido Clau. Podrías
haber conquistado el Sur con tu voz. Es esta maldita ciudad, que jode todo lo
que toca. Ojala no estuvieras aquí esta noche. Pero es muy última oportunidad
de escapar lo más lejos que pueda del Mississipi. Y ni siquiera tú podrás
impedirlo.
—Claudette, estas tan bonita como siempre ¿Qué tal el
negocio?
¿Qué haces aquí?
Solo me faltaba tener que verte el careto. Lárgate
cabron, tú aquí no pintas nada. Eres una vergüenza para el cuerpo de policía.
Tienes lo que te mereces.
— Hola. John. ¿Qué tal tu esposa?
Maldita zorra. Aunque claro la culpa fue toda tuya. Tu
boca se llenaba de falsas promesas cuando te cantaba en los salones de Jackson.
Entonces no te importaban los inconvenientes de salir con una negra. Ni te
puedes imaginar lo mucho que me alegró saber de tu divorcio.
—Muy bien.
Y tan bien, se ha quedado la casa y el perro. Ah
joder, ¿Por qué me lo recuerdas? Tú sabes que lo siento. Nunca quise que las
cosas acabaran así. Nunca. Yo no tome esa decisión.
— ¿Qué coño haces tú aquí?
—Podría preguntarte lo mismo. ¿Qué hace nuestro nuevo
héroe tomando unas copas con la reina de la mafia local? ¿Coincidencia?
—Ha venido a
hablar conmigo.
—Es una investigación.
—Ya veo. Buen sitio. Nada sospechoso. Qué casualidad, yo
también estoy investigando un asunto.
—Estas sin la placa, no puedes hacer eso.
Ya lo sé, por tu puta culpa, sucio traidor. Puede que
engañes al resto del cuerpo con tu media sonrisa de paleto inocente. Pero a mí
ya me las ha jugado. Antes de que me vaya voy a joderte bien.
—Quizás podáis ayudarme. Un pajarito me ha hablado una
cinta de video. No la he visto pero al parecer salen cosas muy sucias. Y es
curioso Claudette, porque según se dice está rodada en tu burdel, ese tan
bonito que tienes en la carretera estatal. ¿Os habéis enterado de algo? Yo es
que no he ido nunca, no como tu nuevo amigo.
Lo sabe. El hijo puta lo sabe. ¿Vas a joderme? ¿Vas a
por mí?
Mierda John, no me hagas esto.
—Deja de jugar. No perdamos el tiempo. ¿Te envía el
senador?
—No tengo nada que ver con McTavish. He hecho un trato
con los federales. Quieren la cinta.
—John, mírame, nos conocemos. Vas de farol. Es
imposible que los federales sepan de esto, McTavish nunca se lo diría. Además el
idiota de Fisher se equivocó de tío y ahora el senador quiere su dinero de
vuelta. Ayúdanos con esto. Te daremos una parte del botín.
¿Qué haces? Yo soy tu socio no él. No me la juegues.
Lo siento Claudette. Ojala pudiera ayudarte. Pero ya no
me quedan opciones.
— Sois unos chapuzas, los dos. Todo el condenado
burdel se enteró de la grabación. Habéis tenido suerte de que fuera yo el que
uniera las pistas.
—Maldita negra, es culpa tuya.
Imbécil. Seguro que se lo contaste todo a Daisy, esa estúpida
habla demasiado.
—Si colaboráis y os entregáis el tribunal lo tendrá en
cuenta. Estáis detenidos por el secuestro y violación de Stuart McTavish.
— ¿Violación? ¿Estás de broma? Le regalamos una puta y
el tipo la disfruto. No pienso dejar que me detenga un fracasado como tú. Ya
has hundido tu carrera no lo harás con la mía. Vete despacio. Si haces algo
raro te vuelo la cabeza cabrón.
—Un revolver. ¿A qué juegas héroe? Baja eso. ¿Crees
que eras más rápido que yo?
¿Una recortada debajo del abrigo? Igual que cuando te
cargaste aquel inocente por error. No voy acabar igual, yo dispararé primero. Vaya,
los gorilas se han puesto de mi lado. Ironías de la vida, solo tengo que tirarme
a un lado y dejar que se maten entre ellos.
— ¡Quietos todos! John. Escúchame, la cinta es falsa.
No es el hijo de McTavish, la cagamos.
—Me da igual. Contádselo a los federales. Ya están de
camino.
—No hay federales, es un puto farol, aquí no va a
venir nadie. Nos la está jugando, quiere quedarse con nuestro dinero.
— ¿Me dejarías colgada otra vez?
Nunca nos han dado alternativas. Yo no quiero esto
Clau, pero o yo voy a la cárcel o vas tú.
—Ven conmigo. Abandonemos esta puta ciudad.
—Ya estas otra vez con tus promesas.
Ojala fuera posible. Empezar de nuevo. Pero no puede
ser, ya no. Lucio nunca dejaría de perseguirme
— ¡No! Tú no te vas a ninguna parte, estamos juntos en
esto.
—Dadme la cinta y lo haréis mucho más fácil.
—John no podemos hacer eso. Baja el arma y vete. Se
acabo la jugada
—Mirad, ya están…
…Espera. ¿Estos quiénes son? Cuento seis tipos que
bloquean el callejón y parece que no les caemos demasiado bien. Joder,
Claudette. ¿A quién más le has tocado las pelotas? Esto me empieza a dar mala espina.
¡Lo que faltaba! Los putos espaguetis son de gatillo
fácil, como los negratas se pongan nerviosos esto no va acabar bien. Tengo que
buscar una salida.
— ¿Y esta fiesta, Claudette? ¿Por qué no me has
invitado? Espero, que no la estés pagando con mi dinero. Se lo mucho que te
gusta gastarlo.
Mierda. Mierda. Mierda. Me habías dado más tiempo,
cabrón. Si vienes a mi ciudad juegas con mis reglas. ¿Esto es lo que quieres
Lucio?
—Es una detención. Espero que no quieras interferir en
la labor de la Justicia.
—Yo espero que no quieras interferir en mis negocios.
Bien, imbécil gana tiempo que parece que es lo único
que se te da bien. Y pide turno para el primer tiro. La puerta de atrás no
parece lejos, me da tiempo a escabullirme al bar de negros. Qué remedio.
John por favor cállate.
—No le hagas caso. Es un charlatán
— ¿Todos los paletos del pueblo llevan recortadas? ¿Y
ese policía, Claudette? Espero que no quieras resolver nuestros asuntos por ese
camino. ¿Tienes mi dinero?
Que sorpresa van todos armados. Claudette ¿Que has
hecho?
— Aun no. Pensaba que tendría más tiempo.
—También pensabas que mi barco lleno de coca llegaría
hasta Memphis. Pero ya ves tú que cosas.
Ya lo decía mi padre que nunca había que involucrase
en asuntos de negros. Va siendo hora de largarse de aquí. Corres. Disparas al
cerrojo por si acaso. Y derribas la puerta. Tres.
Hombres, que impacientes ¿Te crees que no voy a
disparate? Te equivocas, no me cogerás viva, sé muy bien lo que les haces a tus
enemigos. Tres.
Pero bueno aún tengo el dinero del senador, nadie
sospecha de mí, y con un poco de suerte puedo pasar a recoger la parte de la
zorra esta cuando acaben con ella. No ha ido tan mal. Dos.
¿De verdad te crees que vas a conseguir una nueva vida
fuera de aquí? La esposa que despreciaste, la placa que manchaste de sangre.
Eres tú el que jode todo lo que toca, vayas donde vayas. Y a ti Clau, a ti
también te jodi. Deberías haber sido una cantante famosa, pero yo me puse en tu
camino. Quizás este sea el momento de pagar por la vida que robe. Tres.
— ¿Te acuerdas de Jackson?
Si. Dos
—Nunca nos tendríamos que haber ido de allí.
No. Dos.
— ¿Qué es ese ruido? ¿Sirenas?
—Creo que los federales…
—A mí no me mires, te he avisado de que era una
detención.
—Te has quedado sin tiempo. A mí no me la juega una
puta negra.
Pues no iba de farol. Uno.
John que has hecho. Uno.
Dispara y protégela. Uno.
¡Ya!
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