martes, 17 de mayo de 2016

Nuestros heroes, nuestros caminos. (Ejercio WorldBuilding)

Rostros de mármol para recordar. Ese fue el décimo quinto edicto de Aldrin. La orden de los Arqueologos fue la encargada buscar en las ruinas de nuestras ciudades el recuerdo de estos grandes hombres y dárselo a la Humanidad. Hoy en día las figuras de los héroes se encuentran en cada lugar en el que la humanidad prevalece. Presentes en los pequeños altares plebeyos, en las mansiones de los nobles, y por supuesto, en los enormes Museos que el Imperio erige en las capitales coloniales. Pero no hay ninguno, ni en magnitud ni en honra, como el majestuoso Vaticano, en el centro de Montreal, en el centro del mundo, junto al Palacio Imperial de Versalles, juntos pasado y futuro de la Humanidad. Se dice que el propio Aldrin llevo las estatuas de los Primeros a este salon, el más pequeño y necesario. Aquí podemos encontrar a quien dieron los primeros pasos para conseguir y defender lo que hoy nos pertenece. Miralos.
Napoleon Bonaparte, el Primer Humanista, encontró el significado de la palabra Humanidad y la necesidad de la unidad. Quiso transmitir su ilustración con las palabras. Escribió grandes libros como el “Contrato Social” o el “Espíritu de las leyes”, pero no funcionó. Porque entre Demócratas y Tiranos ¿quién iba a escuchar la verdad? No le quedó más remedio que recurrir a las armas, y estuvo a punto de conseguirlo. Avariciosos, corruptos, envidiosos, deshumanos, todos se unieron para derrotarlo. Napoleón cayó en Waterloo defendiendo la ilustración. Hoy los Humanistas no tenemos que luchar para trasmitir las enseñanzas humanas, otros los hacen por nosotros, pero si llega la hora del Retorno sabremos qué hacer, igual que lo supo Napoleón.
Albert Einstein, el Primer Gran Filósofo, su conocimiento del poder átomo permitió a la Humanidad hacer frente al Enemigo cuando este llego para quitarnos todo. Le debemos mucho a sus armas, sin él no estaríamos aquí. Su nombre sirve de inspiración para generaciones y generaciones de Filósofos que se hunden en el conocimiento en busca de las herramientas que permitían destruir a las inhumanidades que nos acechan.
Adolf Hitler el Primer Perfecto, él se dio cuenta antes que nadie del peligro. Intento salvarnos de la podredumbre de la deshumanición que comenzaba a arraigar en el corazón de la sociedad. Su lucha por la pureza de la Humanidad acabo antes de tiempo, lucho solo. Asesinado, derrotado otra vez por los Demócratas, que ciegos en su delirio primigenio de individualidad destruyeron una vital de oportunidad, y a uno de los hombres más valiosos  que ha dado la Historia. Hoy la orden de los Perfectos continúa su legado, buscan incansables rastros de demócratas y deshumanos que amenazan la integridad del Imperio. Ellos son lo que cargan con el peso de lo debido.
Presidente Donald Trump, el Primer Almirante. Derroto a los Demócratas cuando estos eran más fuertes, pero aun si fue tarde. El Enemigo llego y éramos demasiado débiles. Con todo en contra lidero a la Humanidad en la Primera Batalla por la Tierra. Fleto la primera nave armada, una vieja reliquia adaptada, una misión suicida que gano tiempo cuando era lo menos que teníamos. Falleció en la destrucción de Washington, no huyo, no se movió de su puesto. Antes de morir ordeno el Sacrificio. Aquel que todavía se recuerda, porque al fin al cabo fue la Primera Victoria. Sus últimas palabras están escritas en los controles de mando de cada Almirante, para recordar el precio que hay que pagar para salvar a la Humanidad.
Joseph Aldrin, el Primer Emperador de la Humanidad, nieto de esclavos, hijo de esclavos, el libertador que derroto al Enemigo, quien despertó a los humanos de la oscuridad, el colonizador de Marte, el constructor de flotas, el de los cien edictos. Hay demasiado que contar sobre él, cada momento de su vida fue una hazaña. Murió como merecen morir los héroes, viejo, tumbado en la cama, con la satisfacción de una vida entregada a la Humanidad. Murió pronunciando la Carta de Derecho Humanos que el mismo redactó, el Artículo 1, “Todo ser humano tiene derecho a dar su vida por la Humanidad”
Estos son los Primeros de muchos, los pasillos del Vaticano están llenos de héroes a los que admirar. Ve, recórrelos joven, déjate impregnar por la pura esencia de la Humanidad y cuando vuelvas, sabrás cuál es tu camino para servir.


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