Y así era. Robert había estado obsesionado con algo, algo
que todavía no conseguía descifrar. A simple vista uno no podía entender cosa
alguna de todos sus apuntes salvo algunos dibujos sobre grandes cuerpos
celestes, galaxias, átomos y partículas. Al parecer estaba involucrado en algo
muy grande, algo que podría desde ser una paranoia a una teoría que rebatiese a
las anteriores.
De repente, Robert,
que ya se había levantado, acudió a aquella sala donde sus compañeros se
encontraban.
-¿Qué hacéis aquí?
-Robert, nos tenías preocupado. Hace dos días que no te
vemos y llevas semanas ausentándote a dar clases con frecuencia.
-Sí, así es Robert. –el decano, allí presente, que hablaba
con tono serio –. Lo único que vas a sacar en claro con todo esto es tu
despido. Por cierto, ¡tiene un aspecto terrible!
-Usted no lo entiende, decano. – Robert mostraba signos de
cansancio, le costaba articular las palabras correctamente. – Ahora mismo estoy
en una investigación muy importante, que ¡ppodría cambiarlo todo! Sólo le pido
que me dé unos días más, unas semanas, ¡un mes! Con eso, ya podré haber ac…
-¡Basta ya, Dr. Robert! – Si de algo era conocido el decano
es por su mal temperamento -. Trabaja en una universidad, como un catedrático, ¡compórtese!
Su deber es enseñar a sus alumnos, para eso ellos acuden a nuestra institución y
para eso usted recibe un sueldo, no para estar aquí con… ¡eesto! - El decano miraba hacia todas
partes, intentando darle un sentido a todo, pero sin no ver más que el
desorden.- ¡Vístase y coja sus cosas ahora mismo! Como no se venga con
nosotros, ¡no hace falta que vuelva a la universidad!
Aquello había provocado un silencio abismal en la sala. La
voz del decano se había hecho notar, y a Robert apenas se le escuchó decir un “Si,
señor” por lo bajini. Entonces, se dio la vuelta y se golpeó con uno de los
marcos de la puerta. Pero este se fue a su cuarto fingiendo lo ocurrido.
Al par de minutos,
apareció un ser completamente distinto. Este llevaba ropa formal, el pelo
peinado, y una barba afeitada junto a un maletín. Este ser era el que hacía
escasos minutos parecía sacado de un puente.
Robert y el resto bajaron a la calle, donde un escarabajo
esperaba en la acera de enfrente (el decano y su gusto por los coches clásicos).
Cruzaron la acera y tomaron asiento en el vehículo, pero justo antes de
arrancar el motor, Robert abrió la puerta para salir.
-¡Lo siento, decano, pero tengo unos asuntos que debo
solucionar!
-¡Robert! ¡Vuelva inmediatamente!
Con aquel subidón de salir rápidamente del coche para volver
con sus ecuaciones, poco le faltó al físico para ser arrollado por una
furgoneta. Sin mirar atrás, subió como pudo las escaleras y cerró la puerta de
su apartamento a cal y canto. Robert veía todo ese desorden y lo veía hermoso.
Animado a resolver aquel rompecabezas Robert….
-¿Dónde habré puesto mi maletín?
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